Deja que vengan vientos, deja que venga
el sol... todo es bienvenido. En cuanto te
sintonices con vivir con el corazón abierto,
jamás te cierres. Pero hay que darle algo de
tiempo. Y debes mantener esa apertura, de lo
contrario volverá a cerrarse.
La apertura es vulnerabilidad. Cuando estás
abierto, al mismo tiempo sientes que algo
malo puede entrar en ti. No se trata solo
de una sensación; es una posibilidad.
Por eso las personas están cerradas. Si
abres la puerta para dejar pasar a un
amigo, también puede entrar el enemigo. La
gente inteligente ha cerrado sus puertas.
Para evitar al enemigo, ni siquiera se la
abren a un amigo. Pero entonces toda su
vida está muerta.
Pero no puede pasar nada, porque básicamente
no tenemos nada que perder... y aquello que
tenemos no se puede perder. Lo que se puede
perder no merece la pena que se retenga.
Cuando esta comprensión se vuelve algo tácito,
uno permanece abierto.
Puedo ver que hasta los amantes se defienden
a sí mismos. Luego lloran porque no sucede
nada. Han cerrado todas las ventanas y se
asfixian. No ha entrado ninguna luz nueva y
resulta casi imposible vivir, pero, no
obstante, siguen adelante. Sin embargo, no
se abren porque el aire fresco parece peligroso.
De modo que cuando te sientas abierto, trata
de disfrutarlo. Son momentos raros. En ellos,
avanza para poder tener una experiencia de
apertura. Una vez que la experiencia está ahí,
sólida en tus manos, entonces puedes
dessprenderte del miedo. Verás que estar
abierto es un tesoro que estabas perdiendo de
manera innecesaria. Y el tesoro es tal, que
nadie te lo puede arrebatar. Cuanto más lo
compartes, más crece. Cuanto más abierto
estás, más eres.
La vida no tiene objetivos... ¡y ahí
radica su belleza!
Si la vida tuviera un objetivo, las cosas no
serían tan hermosas, porque un día llegarás
al final, y entonces después todo sería
simplemente aburrido. Habría repetición,
repetición, repetición; seguiría el mismo
estado monótono... y la vida aborrece la
monotonía. Continúa creando nuevos objetivos...
¡porque no tiene ninguno! En cuanto alcanzas
un cierto estado, la vida te da otro objetivo.
El horizonte no deja de aparecer delante de
ti, jamás lo alcanzas, siempre estás en el
camino... a punto de llegar. Y si entiendes
eso, entonces toda la tensión de la mente
desaparece, porque la tensión está en buscar
un objetivo, en llegar a alguna parte.
La mente continuamente anhela una llegada,
mientras que la vida es una continua partida
y llegada... pero llegar para volver a partir.
No tiene una finalidad. Nunca es perfecta, y
esa es su perfección. Es un proceso dinámico,
no algo muerto y estático.
La vida no se halla estancada... fluye y fluye
y no hay otra orilla. En cuanto comprendes
esto, comienzas a disfrutar del viaje en sí.
Cada paso es una meta, y no hay un objetivo.
Esta comprensión, una vez que se asienta en
tu centro interno, te relaja. Entonces no hay
tensión porque no hay ninguna parte a donde
ir, de manera que no puedes extraviarte.
La vida está más allá de tu control.
Puedes disfrutarla, pero no controlarla.
Puedes vivirla, pero no controlarla.
Puedes bailarla, pero no controlarla.
Por lo general, decimos que respiramos, y
eso no es verdad... la vida nos respira a
nosotros. Pero no dejamos de pensar en
nosotros mismos como hacedores, y eso crea
el problema. En cuanto te vuelves controlado,
demasiado controlado, no permites que la vida
te acontezca. Tienes demasiadas condiciones
y la vida no puede realizar ninguna.
La vida te sucede únicamente cuando la aceptas
de manera incondicional; cuando estás dispuesto
a darle la bienvenida sin importar la forma en
que aparezca y que adopte. Pero una persona
que tiene demasiado control siempre le pide a
la vida que llegue de una forma determinada,
cumpliendo ciertas condiciones... y la vida ni
se molesta; pasa de largo junto a esa gente,
que permanece casi muerta, vegetando.
Cuando antes rompas el confinamiento del control,
mejor, porque todo control procede de la mente.
Y tú eres más grande que la mente. De modo que
una pequeña parte intenta dominar, dictar. La
vida sigue moviéndose y te deja atrás, y entonces
te frustras. La lógica de la mente es tal que
te dice: "Mira, no lo controlaste bien, por eso
lo perdiste, así que controla más".
La verdad es justo lo opuesto: las personas se
pierden cosas porque controlan demasiado. Sé
como un río salvaje, y mucho, mucho de lo que
ni siquiera eres capaz de soñar, de imaginar,
de esperar, te estará disponible a la vuelta de
la esquina. Pero abre la mano; no sigas llevando
la vida de un puño, porque esa es la vida del
control. Lleva la vida de una mano abierta.
Tienes disponible todo el cielo, no te conformes
con menos.
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