El ir contra la realidad, haciendo problemas de
las cosas, es creer que tú importas, y lo cierto
es que tú, como personaje individual, no importas
nada. Ni tú, ni tus decisiones ni acciones importan
en el desarrollo de la vida; es la vida la que
importa y ella sigue su curso. Sólo cuando
comprendes esto y te acoplas a la unidad, tu vida
cobra sentido. Y esto queda muy claro en el Evangelio.
¿Importaron todas las transgresiones y desobediencias
para la historia de la salvación? ¿Importa si yo
asesino a un hombre? ¿Importó el que asesinaran a
Jesucristo? Los que lo asesinaron creían estar
haciendo un acto bueno, de justicia, y lo hicieron
después de mucho discernimiento.
Jesús era portador de la luz y por ello predicaba
las cosas más raras y contrarias al judaísmo, a
sus creencias e interpretaciones religiosas: hablaba
con las mujeres, comía con los ladrones y prostitutas.
Pero, además, interpretaba la Ley en profundidad,
saltándose las reglas y sus formas. Los sabios y los
poderosos tenían que eliminarlo. ¿Podía ser de otra
manera? Era necesario que muriera así, asesinado y
no enfermo de vejez.
Cuentan que un rey godo se emocionó al oír el relato
de Jesús y dijo: "¡De estar yo allí, no lo hubieran
matado!"
¿Lo creemos así, como ese rey godo? Dormimos. La muerte
de Jesús descubre la realidad en una sociedad que está
dormida y, por ello, su muerte es la luz. Es el grito
para que despertemos.
No te ates
¿Qué hace falta para despertarse? No hace falta
esfuerzo ni juventud ni discurrir mucho. Sólo hace
falta una cosa, la capacidad de pensar algo nuevo,
de ver algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir
lo desconocido. Es la capacidad de movernos fuera de
los esquemas que tenemos. Ser capaz de saltar sobre
los esquemas y mirar con ojos nuevos la realidad
que no cambia.
El que piensa como marxista, no piensa; el que
piensa como budista, no piensa; el que piensa
como musulmán, no piensa... y el que piensa como
católico, tampoco piensa. Ellos son pensados por
su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en
cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología.
Vives dormido y pensado por una idea. El profeta
no se deja llevar por ninguna ideología, y por ello
es tan mal recibido. El profeta es el pionero, que
se atreve a elevarse por encima de los esquemas,
abriendo camino.
La Buena Nueva fue rechazada porque no querían la
liberación personal, sino un caudillo que los guiase.
Tememos el riesgo de volar por nosotros mismos.
Tenemos miedo a la libertad, a la soledad, y
preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos
atamos voluntariamente, llenándonos de pesadas
cadenas, y luego nos quejamos de no ser libres.
¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres
consciente de tus cadenas?
Las mujeres se atan a sus maridos, a sus hijos.
Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos
nos atamos a los deseos y nuestro argumento y
justificación es el amor. ¿Qué amor? La realidad
es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un
amor adulterado y raquítico que sólo abarca el yo,
el ego. Ni siquiera somos capaces de amarnos a
nosotros mismos en libertad. Entonces, ¿cómo vamos
a saber amar a los demás, aunque sean nuestros
esposos o nuestros hijos? Nos hemos acostumbrado a
la cárcel de lo viejo y preferimos dormir para no
descubrir la libertad que supone lo nuevo.
Lo peor y más peligroso del que duerme es creer que
está despierto y confundir sus sueños con la realidad.
No confundas los sueños
Ustedes están dormidos porque, si no, ya no
necesitarían venir a este curso. Si ya lo vieran
todo con ojos nuevos, ya no necesitarían venir a
despertarse. Pero, si son capaces de reconocerse
dormidos, ser conscientes de que no están despiertos,
ya es un paso. Pues lo peor y más peligroso del que
duerme es creer que está despierto y confundir sus
sueños con la realidad. Lo primero que necesitán para
despertar, es saber que están durmiendo y están soñando.
La religión es una cosa buena en sí, pero en manos
de gente dormida puede hacer mucho daño. Y lo
podemos ver muy claramente por la historia de una
religión que, en el nombre de Dios, cometió tantas
barbaridades creyendo que hacía el bien. Si no sabes
emplear la religión en esencia, en libertad, sin
fanatismos ni ideologías de un color u otro, puedes
hacer mucho daño y, de hecho, se sigue haciendo.
Para despertar hay que estar dispuesto a escucharlo
todo, más allá de los cartelitos de buenos y malos,
con receptividad, que no quiere decir credulidad.
Hay que cuestionarlo todo, atentos a descubrir las
verdades que puede haber, separándolas de las que
no lo son. Si nos identificamos con las teorías sin
cuestionarlas con la razón -y sobre todo con la vida-
y nos las tragamos almacenándolas en la mente, es que
seguimos dormidos. No has sabido asimilar esas verdades
para hacer tus propios criterios. Hay que ver las
verdades, analizarlas y ponerlas a prueba, una vez
cuestionadas.
"Haced lo que os digo", dice Jesús. Pero no podremos
hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre
nuevo, despierto, libre, que ya puede amar.
"Aunque diera todo a los pobres, y mi cuerpo a las
llamas, dice Pablo, ¿de qué me serviría si no amo?"
Este modo de ver de Pablo se consigue viviendo, y
este modo de ser nace de estar despierto, disponible
y sin engaños.
Cuando la relación entre amigos no funciona lo bien
que tú quisieras, puedes aliviarla. Puedes pararte y
comenzar una tregua, pero si no has puesto al aire
las premisas que están debajo, el problema sigue en
pie, y seguirá generando sentimientos negativos.
¡Qué lío!
Mi vida es un lío. ¿Soy capaz de reconocerlo?
Necesito tener receptividad. ¿Estoy dispuesto a
reconocer que el sufrimiento y la congoja los
fabrico yo mismo? Si eres capaz de darte cuenta,
es que comienzas a despertarte.
Ordinariamente, buscamos alivio y no curación.
Cuando sufres, ¿estás dispuesto a separarte de ese
sufrimiento lo necesario para analizarlo y descubrir
el origen que está detrás? Es preferible dejar que
sufras un poco más, hasta que te hartes y estés
dispuesto a ver. O despiertas tú, o la vida te
despertará.
Las componendas y alivios son manejos comerciales
del buen comportamiento que te ha metido en la mente
tu sentido de buena educación. Si los miras, bien
despierto, descubrirás que no son más que utilización,
comercio de toma y daca y chantaje, más hipocresía.
Cuando ves esto, ¿quieres quitarte el cáncer, o tomar
un analgésico para no sufrir? Cuando la gente se
harta de sufrir es un buen momento para despertar.
Buda dice: "El mundo está lleno de dolor, que genera
sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el deseo. Si
quieres arrancarte esa clase de dolor, tendrás que
arrancarte el deseo."
¿El deseo es cosa buena? Es una cuestión de lenguaje,
pues la palabra "deseo", en español, abarca deseos
buenos, que son estímulos de acción, y deseos
estériles, que a nada conducen. A estos deseos, para
entendernos, vamos a llamarlos apegos.
La base del sufrimiento es el apego, el deseo. En cuanto
deseas una cosa compulsivamente y pones todas tus ansias
de felicidad en ella, te expones a la desilusión de no
conseguirla. De no haber deseado tanto que tu amigo te
acoja, te contemple y te tenga en cuenta; de no desearlo
tanto, no te importaría su indiferencia ni su rechazo.
Donde no hay deseo-apego, no hay miedo, porque el miedo
es la cara opuesta del deseo, inseparable de él.
Sin esta clase de deseos, nadie te puede intimidar,
ni nadie te puede controlar o robar, porque, si no
tienes deseos, no tienes miedo a que te quiten nada.
No hay pareja ni amistad que esté tan segura como
la que se mantiene libre. Sólo es eterno lo que se
basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre
vulnerables.
El amor no duerme
Donde hay amor no hay deseos. Y por eso no existe
ningún miedo. Si amas de verdad a tu amigo, tendrías
que poder decirle sinceramente: "Así, sin los
cristales de los deseos, te veo como eres, y no como
yo desearía que fueses, y así te quiero ya, sin miedo
a que te escapes, a que me faltes, a que no me
quieras." Porque en realidad, ¿qué deseas? ¿Amar a
esa persona tal cual es, o a una imagen que no existe?
En cuanto puedas desprenderte de esos deseos-apegos,
podrás amar; a lo otro no se lo debe llamar amor,
pues es todo lo contrario de lo que el amor significa.
El enamorarse tampoco es amor, sino desear para ti
una imagen que te imaginas de una persona. Todo es
un sueño, porque esa persona no existe. Por eso, en
cuanto conoces la realidad de esa persona, como no
coincide con lo que tú te imaginabas, te desenamoras.
La esencia de todo enamoramiento son los deseos.
Deseos que generan celos y sufrimiento porque, al
no estar asentados en la realidad, viven en la
inseguridad, en la desconfianza, en el miedo a que
todos los sueños se acaben, se vengan abajo.
El enamoramiento proporciona cierta emoción y
exaltación que gusta a las personas con una
inseguridad afectiva y que alimentan una sociedad
y una cultura que hacen de ello un comercio.
Cuando estás enamorado no te atreves a decir toda
la verdad por miedo a que el otro se desilusione
porque, en el fondo, sabes que el enamoramiento
sólo se alimenta de ilusiones e imágenes idealizadas.
El enamoramiento supone una manipulación de la
verdad y de la otra persona para que sienta y desee
lo mismo que tú y así poder poseerla como un objeto,
sin miedo a que te falle. El enamoramiento no es más
que una enfermedad y una droga del que, por su
inseguridad, no está capacitado para amar libre y
gozosamente.
La gente insegura no desea la felicidad de verdad;
porque teme el riesgo de la libertad y, por ello,
prefiere la droga de los deseos. Con los deseos
vienen el miedo, la ansiedad, las tensiones y...,
por descontado, la desilusión y el sufrimiento
continuos. Vas de la exaltación al desespero.
¿Cuánto dura el placer de creer que has conseguido
lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un
encanto, pero va prendido irremediablemente al miedo
a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas,
llega la tristeza. La misma alegría y exaltación de
cuando llega el amigo, es proporcional al miedo y al
dolor de cuando se marcha... o cuando lo esperas y
no viene... ¿Vale la pena? Donde hay miedo no hay
amor, y podéis estar bien seguros de ello.
Cuando despertamos de nuestro sueño y vemos la
realidad tal cual es, nuestra inseguridad termina
y desaparecen los miedos, porque la realidad es y
nada la cambia. Entonces puedo decirle al otro:
"Como no tengo miedo a perderte, pues no eres un
objeto de propiedad de nadie, entonces puedo amarte
así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones,
sin egoísmos ni querer poseerte." Y esta forma de
amar es un gozo sin límites.
¿Qué haces cuando escuchas una sinfonía? Escuchas
cada nota, te deleitas en ella y la dejas pasar,
sin buscar la permanencia de ninguna de ellas,
pues en su discurrir está la armonía, siempre
renovada y siempre fresca. Pues, en el amor, es
igual. En cuanto te agarras a la permanencia
destruyes toda la belleza del amor. No hay pareja
ni amistad que esté tan segura como la que se
mantiene libre. El apego mutuo, el control, las
promesas y el deseo, te conducen inexorablemente
a los conflictos y al sufrimiento y, de ahí, a
corto o largo plazo, a la ruptura. Porque los
lazos que se basan en los deseos son muy frágiles.
Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre.
Los deseos te hacen siempre vulnerable.
Disparar gratuitamente
Hay dos tipos de deseos o de dependencias: el
deseo de cuyo cumplimiento depende mi felicidad
y el deseo de cuyo cumplimiento no depende mi
felicidad. El primero es una esclavitud, una
cárcel, pues hago depender de su cumplimiento,
o no, mi felicidad o mi sufrimiento. El segundo
deja abierta otra alternativa: si se cumple me
alegro y, si no, busco otras compensaciones.
Este deseo te deja más o menos satisfecho, pero
no te lo juegas todo a una carta.
Pero existe una tercera opción, hay otra manera
de vivir los deseos: como estímulos para la
sorpresa, como un juego en el que lo que más
importa no es ganar o perder, sino jugar.
Hay un proverbio oriental que dice: "Cuando el
arquero dispara gratuitamente, tiene con él toda
su habilidad." Cuando dispara esperando ganar
una hebilla de bronce, ya está algo nervioso.
Cuando dispara para ganar una medalla de oro,
se vuelve loco pensando en el premio y pierde
la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco,
sino dos. Su habilidad no ha cambiado pero el
premio lo divide, pues el deseo de ganar le quita
la alegría y el disfrute de disparar. Quedan
apegadas allí, en su habilidad, las energías que
necesitaría libres para disparar. El deseo del
triunfo y el resultado para conseguir el premio
se han convertido en enemigos que le roban la
visión, la armonía y el goce.
El deseo marca siempre una dependencia. Todos
dependemos, en cierto sentido, de alguien (el
panadero, el lechero, el agricultor, etc., que
son necesarios para nuestra organización). Pero
depender de otra persona para tu propia felicidad
es, además de nefasto para ti, un peligro, pues
estás afirmando algo contrario a la vida y a la
realidad.
Por tanto, el tener una dependencia de otra
persona para estar alegre o triste es ir contra
la corriente de la realidad, pues la felicidad
y la alegría no pueden venirme de fuera, ya que
están dentro de mí. Sólo yo puedo actualizar las
potencias de amor y felicidad que están dentro de
mí y sólo lo que yo consiga expresar, desde esa
realidad mía, me puede hacer feliz, pues lo que me
venga desde afuera podrá estimularme más o menos,
pero es incapaz de darme ni una pizca de felicidad.
Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi
amigo, y es mi melodía la que me hace feliz; y
cuando mi amigo se va me quedo lleno con su música,
y no se agotan las melodías, pues con cada persona
suena otra melodía distinta que también me hace feliz
y enriquece mi armonía. Puedo tener una melodía o
más, que me agraden en particular, pero no me agarro
a ellas, sino que me agradan cuando están conmigo y
cuando no están, pues no tengo la enfermedad de la
nostalgia, sino que estoy tan feliz que no añoro nada.
La verdad es que yo no puedo echarte de menos porque
estoy lleno de ti. Si te echase de menos sería reconocer
que al marcharte te quedaste fuera. ¡Pobre de mí, si
cada vez que una persona amada se va, mi orquesta
deja de sonar!
Cuando te quiero, te quiero independiente de mí, y
no enamorado de mí, sino enamorado de la vida. No
se puede caminar cuando se lleva a alguien agarrado.
Se dice que tenemos necesidades emocionales: ser
querido, apreciado, pertenecer a otro, que se nos
desee. No es verdad. Esto, cuando se siente esa
necesidad, es una enfermedad que viene de la
inseguridad afectiva.
Tanto la enfermedad, necesidad de sentirme querido,
como la medicina que se ansía, el amor recibido,
están basados en premisas falsas. Necesidades
emocionales para conseguir la felicidad en el
exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el
amor y la felicidad en ti mismo. Sólo mostrando
ese amor y gozándote en él vas a ser realmente
feliz, sin agarraderas ni deseos, puesto que
tienes en ti todos los elementos para ser feliz.
La respuesta de amor del exterior agrada y estimula,
pero no te da más felicidad de la que tú dispones,
pues tú eres toda la felicidad que seas capaz de
desarrollar. Dios es la Verdad, la Felicidad y la
Realidad, y Él es la Fuente, dispuesta siempre
para llenarnos en la medida que, libremente, nos
abramos a Él.
Tú ya eres felicidad
Despertarse es la única experiencia que vale la
pena. Abrir bien los ojos para ver que la
infelicidad no viene de la realidad, sino de los
deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz
no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino
deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías
que no te dejan ver la realidad. Eso sólo se
consigue manteniéndote despierto y llamando a las
cosas por su nombre.
Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor,
pero no lo ves porque estás dormido. Te escondes
detrás de las fantasías, de las ilusiones y también
de las miserias de las que te avergüenzas. Nos
han programado para ser felices o infelices (según
aprieten el botón de la alabanza o de la crítica),
y esto es lo que te tiene confundido. Has de darte
cuenta de esto, salir de la programación y llamar
a cada cosa por su nombre.
Si te empeñas en no despertar, nada se puede hacer.
"No te puedes empeñar en hacer cantar a un cerdo,
pues perderás tu tiempo y el cerdo se irritará."
Ya sabes que no hay peor sordo que el que no
quiere oír. Si no quieres oír para despertar,
seguirás programado, y la gente dormida y programada
es la más fácil de controlar por la sociedad.
El tesoro está dentro de ti
Nadie sabe quién es Dios, y lo dice santo Tomás
de Aquino: "Como es imposible saber la naturaleza
de Dios, es imposible hablar de Dios". No es posible
comprender a Dios, porque escapa a todo razonamiento.
Me preguntan si lo que yo explico es la teología
de la liberación y yo contesto que lo que yo explico
es la liberación de toda teología. Yo estoy de acuerdo
con la liberación, pero no con la palabra teología,
para hablar de la liberación. Para liberarte, lo que
necesitas es darte cuenta de tu programación y de las
premisas falsas en que apoyas tus acciones.
Te enfadas. ¿Por qué te enfadas? Porque eres exigente.
¿Eres capaz de dejar esas exigencias y darte cuenta
de todo esto? El conflicto viene de las insatisfacciones
e intolerancias que tienes contigo mismo. Si no te
aceptas a ti mismo, ¿cómo vas a tolerar a los demás?
Andarás exigiéndote a ti y a los demás continuamente,
y siempre insatisfecho. Si no cambias, ¡ay de ti y de
los que te rodean!, pues te convertirás en un fariseo
intolerante. El secreto de la liberación te llegará
cuando te hartes de sufrir. Necesitas encontrar el
tesoro escondido que sólo está dentro de ti.
Al hombre sabio es imposible hacerlo esclavo. La
verdadera libertad está por encima de las leyes, de
las razas, de políticas, de fronteras y de idiomas.
Recordad aquellas palabras que dijo un sabio griego
cuando iban a venderlo como esclavo: "Aquí está un
maestro, ¿hay algún esclavo que desee comprarme?"
Gandhi decía que la libertad de la patria le importaba
un bledo, porque lo importante era la libertad del
hombre. Tenía una visión clarísima de las prioridades:
primero Dios y descubrir ese tesoro que está dentro
del hombre. Decía: "Tengo para mí que el fin de la
vida es la visión de Dios, y he de conseguirlo, si es
preciso, sacrificándolo todo: familia, patria y hasta
la vida."
Desgastamos la vida en tonterías que nada valen. Y la
vida es el más preciado regalo que se puede desear.
Intentar impresionar a la gente, buscar riquezas,
honores, prestigio... ¿para qué sirve eso? Pero vuelvo
a decir que esto lo habrás de descubrir tú para
despertar. Tienes que cuestionarlo todo. Cuidado con
aceptar las cosas que digo sin analizarlas sinceramente,
desde tu centro que no te puede engañar. No hay que
tragar nada -sólo conseguirás una nueva programación
encima de la que tienes-, sino cuestionarlo, analizando
esto y lo opuesto. Hacerlo supone apertura. Hay que
ser receptivo sin ser crédulo. Si no te aceptas a ti
mismo, ¿cómo vas a tolerar a los demás?
El dichoso niño
El que está en el Reino de Dios es el que se ha
convertido en niño, pero bien despierto, sin que
lo puedan manipular ahora. Cada niño lleva dentro
a Dios al nacer, pero nuestros esfuerzos por moldearlo
hacen que convirtamos a Dios en un demonio. Si ves
a un niño, verás el egoísmo en forma pura. Sólo es
capaz de pensar en sí mismo, pero es natural que sea
así. El egoísmo del niño es cosa divina, pues
necesita toda su energía concentrada dentro de él.
Nosotros intentamos cambiarlo y estropeamos los
planes de Dios en él. Estropeamos su espontaneidad
introduciendo en él los miedos. El miedo hace al
niño mentir y amoldarse por no perder la aprobación
de los padres.
Deja al niño ser todo lo egoísta que quiera. El
niño sólo piensa en darse placer a sí mismo y,
poco a poco, va descubriendo el exterior y, con
él, el placer refinado de extender su placer a
los otros. Su creatividad se muestra destrozando
todo por curiosidad. Le gustan el movimiento y
el ruido. El conflicto entra porque no coincide
lo que le gusta al niño con lo que les gusta a
los padres.
El niño tiene que crecer, poco a poco, descubriendo
las cosas por sí mismo y a su tiempo. El niño ha de
hartarse primero de chocolate antes de ofrecerlo.
Si te empeñas en que lo comparta con su hermanito,
odiará al hermanito. En realidad, a todos los niveles,
lo que llamamos caridad y altruismo no es más que
un egoísmo refinado.
Nos damos gusto dando gusto a los demás, porque
cada uno se busca a sí mismo. Así somos todos.
Les ponemos nombres muy liberales a las cosas
que no lo son, aunque tengan su explicación y
su razón. Tendremos que aprender a llamar las
cosas por su nombre para no engañarnos. Cada
uno va buscándose a sí mismo, porque si no nos
encontramos a nosotros mismos, no podremos salir
hacia los demás.
Si yo quiero cambiarme a mí mismo tendrá que ser
en base a la comprensión, intuición, conciencia,
tolerancia, sin violencia.
Violencia cultural
Nos aburrimos por la memoria, cuando está
contaminada por la emoción, pues si olvidásemos
por completo lo anterior, con sus emociones,
todo nos parecería nuevo. Lo que ocurre es que
solemos petrificar las emociones en la memoria.
La realidad es que todo cambia continuamente, y
si pudiéramos verlo así, todo nos sorprendería
por su novedad.
Cuando hacemos favores, si los hiciéramos sin
llevar cuenta, no esperaríamos luego agradecimiento;
pero llevamos cuenta y luego nos hacemos la
ilusión de que lo hemos hecho por altruismo. Si
cuando haces algo por otro, lo haces a gusto y
eres feliz haciéndolo, ¿por qué esperas entonces
correspondencia?
El amor desinteresado, ¿existe? Y, sin embargo,
es el único al que se puede dar el nombre de
amor. ¿Quién quiere ser objeto de un amor
sacrificado? Te gusta que el otro disfrute
amándote, y también que disfrute al hacerte un
favor. ¿Entonces por qué cuando eres tú el que
ama o hace el favor esperas una compensación?,
¿no es bastante la alegría de poder amar y compartir
con el otro lo que tienes?
La gratitud es un gancho. Nuestra cultura la
convirtió en una obligación, y la sociedad de
consumo ha montado un gran negocio con ello.
"Moyto obrigado" (muy obligado), dicen los
portugueses, en una definición exacta de lo que
ha llegado a ser el agradecimiento. La cultura
contamina lo que toca, porque es un elemento
manipulador.
El niño es otra víctima de la violencia cultural.
La cultura dice: "Hay que reformar al niño", con
lo que se da por supuesto que el niño es malo, y
con la consigna de que hay que prepararlo para
la vida (¿qué vida?) se lo domestica metiéndole
una programación de leyes y reglas de conducta.
El niño, precisamente, nace con toda su capacidad
despierta para agarrarse a la vida, pues la vida
es la única maestra que no se equivoca y lo educa
en libertad.
En la India hay niños de seis años que se ganan el
sustento para ellos y sus familiares; y la vida y
la necesidad son las que se lo han enseñado.
Al niño le hace falta la libertad. "Más vale un
barrendero feliz que un juez o un gran político
infeliz." Con toda la mejor voluntad del mundo,
la gente religiosa es opresora. Lo que suele
llamarse respeto es una forma de miedo. Hay que
darle al niño de seis años el mismo respeto que
al presidente de la nación. La función que haga
cada uno no tiene ninguna importancia. Todos somos
necesarios. El valor para tener en cuenta es ser
feliz y buscar tu sitio en la vida.
Odiarse a sí mismo
En el corazón de cada joven existe un trono que
le ha sido usurpado. Cuando se restituya ese
trono, el joven estará curado. Hay que aprender
sólo porque se quiere aprender, y para ello hay
que respetar y salvaguardar la curiosidad innata
del niño. De adentro viene la demanda. Al niño le
gusta la enseñanza, lo que rechaza es el método
y la manipulación.
Al niño se le enseña desde pequeño a odiar su
cuerpo. Se le hace sentir vergüenza por ciertas
partes de su cuerpo. Y es nuestra cultura quien
lo hace. En las tribus no hay problemas de
violación ni de infidelidad, porque no existen
traumas sexuales.
Si no hubiera ley no habría pecado. La ley sólo
sirve para las personas programadas, para las
libres no. No se puede comenzar la vida con
autodesprecio. Los niños van pasando de una
experiencia a otra cuando se sacian de la anterior.
Si tú detienes esa experiencia, se la cortas,
haciéndole creer que es algo malo. No sólo provocas
un misterio y rompes una evolución natural, sino
que habrás metido en él un miedo a algo que desconoce,
porque no existe una razón convincente para hacerlo.
Si le dices que está mal, lo habrás introducido en
la ley expulsándolo del Paraíso.
Si yo logro que te odies a ti mismo, me será más
fácil dominarte, domesticarte; y eso es lo que
hace nuestra mal llamada educación. La sociedad
te enseña a estar siempre insatisfecho, para
dominarte y controlarte. Con ello, la sociedad se
ha beneficiado, pero ha pagado un precio muy alto:
la guerra. Nunca podrás amar a los demás si te
detestas a ti mismo. El amor significa no hacer
violencia y respetar la libertad. El amor es: yo
estoy de tu lado, no estoy en contra de ti.
Los niños crecen con la sensación de que los padres
están en su contra. Si tú no haces violencia al niño,
él tampoco tendrá ganas de ser violento con nadie.
Lo primero para cambiar al niño reprimido es
destruirle la conciencia, la ley que le impusieron.
La conciencia del bien y del mal es lo contrario de
la toma de conciencia. La toma de conciencia es la
sensibilización, la sensibilidad que no necesita la
conciencia. Si eres consciente estás despierto y sensible
a todo. Tendremos que aprender a llamar las cosas por
su nombre para no engañarnos.
El amor no castiga
¿Castigar o no castigar? El amor no castiga nunca.
El respeto no es más que miedo y, de la misma
forma, el castigo no es más que venganza. El acto
de llamar a reflexión (que puede ser incluso
violento) no es castigo, sino un acto de amor,
porque lleva en él la curación como fin.
El castigo como venganza es un acto de odio, que
engendra más odio. Cuando el niño no respeta tu
libertad o la de los demás, puedes pegarle una
palmada en ese momento, para que asocie de dónde
viene el golpe; no hay dificultad, porque él aprenderá
y comprenderá sin dejarle más residuos. El acto
comenzó y terminó con un resultado lógico, como
ocurre en la vida.
Cuando le echas un sermón que no entiende y percibe
tu disgusto y tu rechazo, que sí entiende, comienza
a sentirse culpable de algo que es la moral, el
deber y las normas, que él no llega a entender pero
que necesita cumplir para tenerte contento, entonces
sí le estás haciendo mucho daño. Y si percibe en ti
el resentimiento de la venganza, estarás fomentando
en él un violento, vengador y resentido; no lo dudes.
Si se sube a un árbol y se cae haciéndose daño,
aprenderá a ir con más cuidado otra vez y no tendrá
sentido de culpabilidad. De la misma manera, el cachete
que le puedes dar inmediatamente lo asociará a lo que
acaba de hacer, pero ahí no entran la moral ni la
culpabilidad, sino la realidad. Pero hazlo siempre sin
estar molesto, para que no haya rastro de recriminación
ni de acusación, consciente de que eso es amor. Lo que
no te privará de consolarlo si llora, como harías si se
cayera del árbol. Esto es lo que lo diferencia.
Si yo quiero cambiarme a mí mismo tendrá que ser en
base a comprensión, intuición, conciencia, tolerancia,
sin violencia. Pues eso mismo necesitan los demás.
Todas las represiones tienen un solo motivo; la
insatisfacción de ti mismo, tu intolerancia. No puedes
dar libertad si tú no eres libre. No puedes amar, si
no te amas. Y no podrás fingirlo, pues tu boca puede
decir una cosa, pero tu voz, tu actitud y todo tu cuerpo
estarán diciendo otra. Habrá una contradicción que
contaminará el ambiente. Es preferible hacer ver tu
verdad a los demás, mostrando el estadio en que estás,
con sencillez, y tu capacidad real en ese momento.
Cuando haces el bien desde toda tu persona, como una
expresión natural de tu ser, no eres consciente de
ello. Cuando eres consciente y te enorgulleces de ello,
es que ha entrado en ti el yo que todo lo complica, y
después te crees más que los demás. Lo peor de todo es
la hipocresía de los padres y maestros, haciendo de
modelos que luego no son capaces de cumplir, y de
ahí llega el desconcierto y la desconfianza de los
niños, cuando el oído se viene abajo. De esa desilusión
de los niños surge luego el odio.
El amor desinteresado existe: es el único al que se
puede dar el nombre de amor.
El amor no es una droga
El amor es la única necesidad que tiene el ser
humano. Amar y ser él mismo. La sexualidad no
es amor. El amor dice: "No soy yo quien te amo,
sino que es el amor el que está aquí, es mi
esencia, y no puedo menos que amar." Eso surge
libremente cuando estás despierto y se han caído
tus programaciones.
Cuando comprendes que eres felicidad no tienes
que hacer nada. Sólo dejar caer las ilusiones.
El apego se fomenta porque tú te haces la ilusión
(porque así te lo han predicado y lo has leído
en mucha literatura barata) de que tienes que
conseguir la felicidad buscándola fuera; y esto
hace que desees agarrarte a las personas que
crees te producen felicidad, por miedo a perderlas.
Pero como esto no es así, en cuanto te fallan,
o crees que te fallan, vienen la infelicidad, la
desilusión y la angustia.
La aprobación, el éxito, la alabanza, la valoración,
son las drogas con las que nos ha hecho drogadictos
la sociedad, y al no tenerlas siempre, el sufrimiento
es terrible. Lo importante es desengancharse,
despertando, para ver que todo ha sido una ilusión.
La única solución es dejar la droga, pero tendrás
los síntomas de la abstinencia. ¿Cómo vivir sin algo
que era para ti tan especial? ¿Cómo pasarte sin el
aplauso y la aceptación? Es un proceso de sustracción,
de desprenderte de esas mentiras. Arrancar esto es
como arrancarte de las garras de la sociedad.
Habías llegado a un estado grave de incapacidad de
amar, porque era imposible que vieras a las personas
tal como son. Si quieres volver a amar, tendrás que
aprender a ver a las personas y las cosas tal como
son. Empezando por ti. Para amar a las personas has
de abandonar la necesidad de ellas y de su aprobación.
Te basta con tu aceptación. Ver claramente la verdad
sin engaños. Alimentarte con cosas espirituales:
compañía alegre, camaradería sin apegos, y practicando
tu sensibilidad con música, buena lectura, naturaleza...
Poco a poco, ese corazón que era un desierto siempre
lleno de sed insaciable, se convertirá en un campo
inmenso produciendo flores de amor por todas partes,
mientras suena para ti una maravillosa melodía: has
encontrado la vida.
Piensa en uno de los pasajes del Evangelio en que
Jesús, después de despedir a la gente, se queda
solo. ¡Qué hermoso es ese amor! Sólo el que sabe
independizarse de las personas sabrá amarlas como
son. Es una independencia emocional, fuera de todo
apego y de toda recriminación, lo que hace que el
amor sea fuerte y clarividente. La soledad es
necesaria para comprenderte fuera de toda
programación. Sólo la luz de la conciencia es
capaz de expulsar todas esas ilusiones y pesadillas
en las que estamos viviendo y, con ellas, expulsar
también los rencores, todas las necesidades y
los apegos.
¿Cómo empezar? Llamando las cosas por su nombre.
Llamar deseos a los deseos y exigencias a las
exigencias, y no disfrazarlas con otros nombres.
El día en que entres de pleno en tu realidad, el
día en que ya no te resistas a ver las cosas
como son, se te irán deshaciendo tus ceguedades.
Puede que aún sigas teniendo deseos y apegos,
pero ya no te engañarás.
Aliméntate bien con placeres naturales: disfrutando
de la naturaleza, ejercitando los placeres del
tacto, del oído, de la vista, del gusto, del olfato.
Hay un mundo por descubrir desde nuestros sentidos
atrofiados. Te darás cuenta de que no hace falta
otra cosa para ser mucho más feliz de lo que consigues
ser ahora. Sentirte libre, autónomo, seguro de ti a
pesar de reconocerte con todas las limitaciones, o
quizá por ello, porque has aceptado el ser sin
límites que eres, pero con todas las formas mediocres
en las que te desenvuelves. Sólo conectarte con la
realidad te hará fuerte y no necesitarás apoyos ni
apegos. Todos somos necesarios.
Poder decir a tus amigos: "No pongas tu felicidad
en mí porque yo puedo morirme o decepcionarte.
Pon tu felicidad en la vida y te darás cuenta de
que, cuando quedas libre, es cuando eres capaz
de amar." El amar es una necesidad, pero no lo
es el ser querido, ni el deseo. El vacío que
llevamos dentro hace que tengamos miedo de perder
a las personas que amamos. Pero ese vacío se
llena sólo con la realidad. Y cuando estás en
la realidad ya no echas de menos nada, ni a nadie.
Te verás libre y lleno de felicidad, como las aves.
- Anthony de Mello -
Envía una tarjeta con lindas frases
para reflexionar...
Recomienda esta página
haciendo click en la imagen
Para los que hacemos una web es muy
importante conocer la opinión de las
personas que tienen la amabilidad de
visitarnos, por favor tómate un minuto
para firmar mi libro, MUCHAS GRACIAS!!!