Por la mañana, al despertar, lea el tema del día y déjese impregnar por su contenido. Relájese, mantenga su mente en reposo, y reciba las fuerzas positivas que el tema le irradiará. Viva la experiencia benéfica del mensaje. Repita la lectura del tema varias veces, a lo largo del día, y permita que la acción del Espíritu Santo realice los resultados deseados. No ponga obstáculos de duda, de descreimiento, de desánimo, de pesimismo y de miedo.

Crea en el milagro de su redención. Camine firme en esa dirección.

A la noche, al acostarse, continúe esa caminata benéfica y duérmase con la mente iluminada, radiante, vibrante, renacida.

Sólo pase a la lección siguiente al otro día, por la mañana.




1er. Día

Mente iluminada


Con inmensa alegría, comienzo hoy la cuarta etapa de mi
desierto místico y espiritual.
Me siento muy bien.
¡Nunca me sentí tan bien como ahora!
Estoy caminando hacia la iluminación total.
Mi mente está límpida, clara, pura como la fuente
cristalina.
Mi mente está lúcida: tengo todas las condiciones para
decidir acertadamente.

Mi mente es calma: camino tranquilamente, sin caer, y
llego antes que los otros.
Mi mente abrió los canales de la inteligencia. Mi
capacidad se amplió hasta el infinito, mi memoria se
abrió y amplió todos sus límites.

Siento en mí la seguridad y la autoconfianza de las
personas decididas y vencedoras.
Mi mente es fuerte y está por encima de las contrariedades
y agresiones externas. En otras palabras, mi mente está
iluminada y se expresa en la dimensión universal y cósmica.
Esta es la plenitud del ser humano.
Esta es mi plenitud.
Por eso entré en mi propio paraíso.
En mi paraíso.

2o. Día

Corazón iluminado


En este día, me sumerjo dentro de mi corazón sentimental y
lo veo todo iluminado.
Sus rayos dorados de luz llenan mi vida de amor.
Mi corazón es todo amor, por eso me siento maravillosamente
bien aquí y en cualquier lugar.
Corazón bendito, eres la fuente inagotable del amor.
Eres la fuente de mis emociones positivas. Eres el lago
dorado de mi vida.

Corazon bendito, tú me envuelves en la ternura y en la
dulzura. Tú me muestras la bondad del rostro ajeno.
Corazón bendito, tú revelas la felicidad que en mí existe.
Corazón iluminado, eres mi compañía adorable, eres el
placer de mi vida.
Corazón iluminado, eres el punte divino que me trae el
amor de la humanidad.
¡Corazón iluminado, tu luz ilumina todo el universo!

A partir de hoy vivo la plenitud del amor.
Yo soy amor. Todo en mí es amor. Sólo amor.
Nadie más perturba mi corazón, porque él es el sol infinito
del amor. Jamás una pena, una ofensa, una columnia, una
traición, podrán borrar ese amor inmenso e infinito que
existe en mí.

Mi corazón es todo amor, por eso nunca más tendré miedo
de quedarme sin amor ni de vivir en la soledad.
Yo me amo, yo amo a mi corazón y nosotros dos somos uno
en el amor para siempre.
Amanezco lleno de amor y me duermo lleno de amor.
El amor me ilumina, ilumina a las personas que están a mi
alrededor e ilumina el universo.
Yo soy amor. Yo soy AMOR. AMOR.

3er. Día

Cuerpo iluminado


En esta jornada inolvidable y linda de mi desierto místico,
en busca de la iluminación mental y de la salud física, me
vuelvo hacia mi cuerpo y veo la luminosidad divina
impregnándolo de energías físicas.
La misma energía que aconteció a la creación del mundo
está recreando todo mi cuerpo, dejándolo resplandeciente y
perfecto, como si la resurrección de Jesús se hubiese operado
en mí.
Las enfermedades ya esán lejos de mí.
Yo soy hijo de Dios perfecto y, en nombre de Dios, proclamo
una vez más la perfección de mi cuerpo.
Mi cuerpo es una fiesta de luz.
La energía del amanecer inunda mi cuerpo y lo siento liviano,
muy liviano.
Todos los órganos funcionan renovados.
La sangre está iluminada por un rojo vivo y está llevando
energía, vitalidad y salud a todas las partes del cuerpo.

Los huesos están iluminados: los nervios están iluminados;
los músculos están iluminados; la piel está iluminada; las
glándulas están iluminadas.
Mi cerebro está todo iluminado.
Mi cuerpo ahora es un sol divino de luz y cada átomo contiene
la propia energía del universo.
Estoy sano, sano, sano. ¡Muy sano!

4o. Día

Dios en mí


Este es un gran día.
Hoy descenderé a las profundidades de mí mismo.
Calmo mi mente, aquieto mi corazón, silencio mi cuerpo.
Y me quedo escuchando.
Estoy escuchando. Antenas conectadas. Mente conectada.
Escuchando.
Una voz comienza a manifestarse en las profundidades de
mi mente interior.
Estoy emocionado.
Me siento en la misma vibración cósmica de todo el
universo.
Y veo que todo el universo está en mí. Más que eso,
ahora yo soy el universo.
El tiempo se diluyó y yo soy el gran río hacia donde
desembocan juntos el pasado, el presente y el futuro.

Mi dimensión alcanza la dimensión universal.
Percibo que yo y la Verdad somos una sola unidad.
Estoy liberado, engrandecido, y mi mente está clara
como la Fuente Divina.
Esta es la etapa en que la Sabiduría Infinita se
manifiesta en mí.
Ahora entiendo la afirmación del gran Maestro Jesús:
"Yo y el Padre somos uno".
Es por eso que Él frecuentemente se retiraba hacia el
desierto interior de sí mismo, en las noches del Huerto
de los Olivos y del lago de Genezaret.

Yo y el padre somos uno.
En mí sólo existe el Bien. Porque en mí existe Dios.
Sólo Dios. Todo en mí es Dios.
Yo y el Padre somos uno.
¡Yo y el Padre somos uno!

5o. Día

El poder infinito en mí


Esperé ansiosamente este día.
Ya no me siento más pequeño, ni débil, ni indefenso.
Existe en mi la dimensión divina.
La Presencia Infinita está en mí.
Hoy tengo la seguridad de que mi palabra tiene el poder
de Dios, porque yo y Dios somos uno: lo que yo quiero,
Dios quiere en mí; lo que Dios puede, yo puedo.
Bienaventurado soy yo, que recibí las llaves del Poder
Infinito: todo lo que yo una, será unido; todo lo que
yo desuna, será desunido.

Con esas llaves abriré las puetas de una nueva vida,
más alegre, más abundante, más saludable, más agradable,
más inteligente, más positiva, más poderosa, más
servicial, más confortable y más feliz.
Yo tengo el poder de la palabra.
Siento más clara que nunca la verdad de esta ley universal
enseñada por el sabio Jesús:
"Todo lo que pidiéreis al Padre, en oración, creyendo,
lo ALCANZAREIS"
Yo soy el Poder.
Yo soy el Poder.

6o. Día

Yo soy la luz


Ahora todo es luz en mí.
Como Jesús me dijo: "Camina en la Luz".
La luz que me ilumina es la luz que ilumina mis caminos.
Ahora entiendo la profundidad de esta afirmación del
Maestro:
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Quien camina en mí
no camina en las tinieblas.
Camino siempre por la senda de luz: el presente, el pasado
y el futuro no me asustan.
Sólo las tinieblas asustan, pero yo camino en la Luz.
Todas las fuerzas de las tinieblas se diluyeron ante la
energía explosiva de luz que me circunda.
Y mi luz ilumina a los otros.
Todos bendicen mi presencia.
Y mi luz ilumina el mundo; y el mundo bendice mi presencia.
¡Bendita luz que me ilumina!
Yo soy la luz.

7o. Día

Yo soy positivo


Finalmente derribé todas las barreras que me impedían ver
a Dios cara a cara.
Ya sonrío complacido a los negativismos y miedos del
pasado.
Ahora yo soy positivo.
En este instante tengo la visión clara de que el
negativismo no pasa de ser un engaño, una ilusión. Es
nada más que un bluff sin sentido.
Porque el Bien siempre existe en mí.
Para mí ahora es simple y fácil ser positivo y ver el
lado positivo de las personas y de las cosas.
Yo soy positivo y me siento alegre, confiado, decidido,
iluminado, sonriente y liviano.
Mi vida está siempre soleada.

Yo soy positivo, porque el Poder Divino y la Sabiduría
Infinita me orientan y me guían.
Estoy liberado y saludable, porque yo soy positivo.
Yo soy positivo.
Totalmente positivo.
Solamente positivo.

8o. Día

Yo soy perfecto


Ahora que me sumergí en las profundidades de mi ser
recibo con toda claridad el mensaje sabio y místico
del Maestro Jesús:
"Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto".
Entendí que yo sólo puedo ser perfecto como el Padre
cuando, en realidad, me vuelvo UNO con el Padre. Sólo
así la perfección del Padre es en mí, porque "no soy
yo que vivo, es el Padre que vive en mí".
El Padre es mi perfección, porque su presencia me colma
íntegramente.
¡Ah, qué maravilloso es sentirse en unión y comunión
con el Padre!
Ahora me veo a mí mismo con ojos divinos; veo mi
cuerpo con los ojos perfectos de Dios; por lo tanto,
no existe enfermedad en mí, ya que la enfermedad no
existe en el Padre.

Veo a cada persona con los ojos del Padre.
Veo el mundo con los ojos del Padre. He ahí por qué el
mundo es lindo y este planeta es mi paraíso.

El mal jamás podrá alcanzarse, parta de donde fuere,
porque la Perfección Infinita no puede ser tomada como
blanco por la imperfección. La perfección es lo MAS y
la imperfección, que es lo menos, nunca tiene fuerza
para alcanzar a la Perfección.

Ahora yo soy seguro de mí, soy tranquilo, tengo
confianza en mí mismo, soy valeroso, soy benigno y
soy comprensivo.
Mis ojos son simples y me hacen ver con limpidez todo
y a todos.
Estoy en comunión con la perfección de mi Padre en mí.
Yo soy perfecto. Perfecto.

9o. Día

Clarificación


En este penúltimo día de desierto místico y espiritual,
miro hacia atrás y veo la maravillosa caminata que realicé.
Estoy feliz porque todo mi ser se abrió a la Luz Infinita.
Ahora todo es simple y claro en mí.
Dios es en mí.
El presente, el pasado y el futuro son mi propia respuesta.
La salud ya existe en mí por la acción del Poder Recreador
de mi subconsciente.
Mi mente consciente y subconsciente están en armonía y yo
siento la Presencia infinita en mí, tal como decía Jesús:
"Cuando dos estén orando en armonía, ahí estaré yo".
Estoy iluminado.
"Aquel que crea, hará no sólo las cosas que yo hago, sino
que las hará aun mayores".

Mi clarificación mental está levantando el velo de este
misterio.
Sé que Jesús decía la Verdad.
Mi dificultad consistía en acertar el camino y encontrar
la puerta.
Estoy iluminado y esta luz me da acceso a los arcanos, a
los misterios y a las enseñanzas de Jesús.
Pero, de manera especial, esta clarificación interior me
trae la paz y la alegría.
¡Clarificación! Luz interior.
Sabiduría de Dios.
¡Visión interna!
Verdad universal.
Dios en mí.

10o. Día

El reino de los cielos


La gran seguridad de que caminé por la senda correcta
durante esta inolvidable jornada mística es ésta: llegué
al reino de los Cielos.

"El reino de los Cielos está dentro de vosotros mismos."
Sí, está en mi interior.
Legué a mi reino de los Cielos.
La felicidad estalla en mí.
¡Y estoy más feliz que nunca!
Este mundo es el reino de los Cielos.
Cada persona es el reino de los Cielos.
Estoy feliz. Feliz. Feliz.
Mi rostro tiene la sonrisa del infinito.
Mi corazón sonríe de amor.
Mi mente es el reino de los Cielos.
Mi cuerpo es el reino de los Cielos.
Extiendo las manos a la humanidad y canto de la mano,
con todos, la divina canción de la felicidad.
Mi clarificación mental está levantando el velo de
este misterio.
Sé que Jesús decía la Verdad.
Mi dificultad consistía en acertar el camino y
encontrar la puerta.
Estoy iluminado y esta luz me da acceso a los arcanos,
a los misterios y a las enseñanzas de Jesús.
Pero, de manera especial, esta clarificación interior
me trae la paz y la alegría.
¡Clarificación! Luz interior.
Sabiduría de Dios.
¡Visión interna!
Verdad universal.
Dios en mí.



- Lauro Trevisan -





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