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Dios conoce nuestras necesidades y ha hecho provisión para satisfacerlas. El Señor tiene un rico almacén con abundantes provisiones para sus hijos, y puede darles lo que necesitan en todas las circunstancias. Entonces, ¿por qué no confías en Él? Ha hecho preciosas promesas a sus hijos a condición de que obedezcan fielmente sus preceptos. No hay ninguna carga que no pueda quitar, ninguna tiniebla que no pueda disipar, ninguna aspiración digna que no pueda guiar y justificar.



"...(Nosotros) deberíamos tomar las promesas de Dios una por una y examinarlas estrechamente por todos lados, para apoderarnos de su riqueza y ser aliviados, consolados y fortalecidos por ellas. Dios ha provisto para todos el consuelo que el alma necesita.



Ellas (sus promesas) satisfacen a los solitarios a los abatidos por la pobreza, a los ricos, a los enfermos, a los afligidos; todos pudieran tener la ayuda apropiada si las vieran y las abrazaran por medio de la fe. Dios distribuye sus bendiciones en nuestro camino para iluminar el escabroso sendero de la vida, y nosotros queremos recibir todo el consuelo y las muestras del amor de Dios con corazones agradecidos.



Así como un padre terrenal anima a su hijo para que vaya a Él en todo momento, así también el Señor nos anima a deponer ante él nuestras necesidades y perplejidades, nuestra gratitud y nuestro amor. Cada promesa es segura.



Que estas benditas promesas, establecidas en el marco de la fe, sean colocadas en la antecámara de la memoria. Ninguna fallará. Dios cumplirá todo lo que ha dicho.

El enemigo nunca puede arrancar de la mano de Cristo a aquel que sencillamente confía en las promesas del Señor.



Borrar las promesas divinas de la Palabra sería como eliminar el sol del cielo. No habría nada que alegrara nuestra experiencia religiosa. Dios ha sembrado sus promesas en su Palabra para inducirnos a tener fe en Él...



En toda la extensión de nuestro sendero Dios siembra las flores de sus promesas para iluminar y embellecer nuestro viaje. Pero muchos se niegan a recoger esas flores, y juntan en cambio las espinas y abrojos. A cada paso lloran y gimen, cuando podrían gozarse en el Señor porque Él embelleció tanto el camino que conduce al cielo.



Cuando contemplamos las promesas de Dios podemos hallar consuelo, esperanza y gozo, porque aquellas constituyen las palabras del Infinito.

El cielo está saturado de bendiciones, y nuestra es la oportunidad de invocar las ricas promesas de Dios para nuestro beneficio. Es necesario que busquemos al Señor día y noche para saber exactamente qué pasos tomar y cómo obrar.



Aprópiate de las promesas de Dios. Luego, cuando lleguen la prueba y la aflicción, esas promesas serán cantarinos manantiales de consuelo celestial.

No debemos creer porque sentimos o vemos que Dios nos oye. Debemos confiar en la promesa de Dios. Debemos realizar nuestras ocupaciones creyendo que Dios cumplirá lo que ha prometido y que recibiremos las bendiciones que hemos pedido en oración cuando más necesarias sean. Todos nuestros ruegos llegan al corazón de Dios cuando acudimos a Él creyendo. No tenemos fe suficiente. Deberíamos pensar en nuestro Padre celestial como más dispuesto a ayudarnos de lo que un padre terrenal está dispuesto a ayudar a su hijo. ¿Por qué no confiar en Él?



Si encomendamos la custodia de nuestras almas a Dios en el ejercicio de la fe viva, sus promesas no nos defraudarán; porque lo único que las limita es nuestra fe. Las promesas de Dios son plenas y abundantes, y no hay necesidad de depender de la humanidad para recibir fuerza. Dios está cerca de todos los que le piden que los socorra.



Deberíamos aprender ahora a conocer a Dios, poniendo a prueba sus promesas. Los ángeles toman nota de cada oración ferviente y sincera. Sería mejor sacrificar nuestros propios gustos antes que descuidar la comunión con Dios. Piensa en Cristo. Contémplalo con fe y cree en sus promesas. No pierdas la confianza. Él será tu apoyo. Reclínate sobre Él y depende de Él... Confía en Aquel cuyo brazo nunca te fallará.



Todo es posible para aquel que cree y tendremos todo lo que pidamos en oración si creemos que lo recibiremos. Esta fe penetrará las más oscuras nubes y traerá rayos de luz y esperanza al alma decaída y desanimada. La falta de esta fe y confianza es lo que produce perplejidad, temores inquietantes y suposiciones malignas. Dios hará grandes cosas por sus hijos cuando estos pongan toda su confianza en Él.






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