Usted siempre soñó con una vida feliz y está
perplejo ante la inutilidad de sus esfuerzos,
hasta ahora, en el sentido de alcanzar ese
objetivo.
¿Será que la felicidad no existe?
Un día, yo leí este mensaje: Ya que no puede
ser feliz, aprenda a convivir con la infelicidad.
No estoy de acuerdo.
Si sus deseos de felicidad no pueden ser
alcanzados, su vida no pasará de una
irrealización, de un proyecto imposible.
En ese caso, sería lo mismo que decretar
la quiebra de la capacidad del Creador.
Pero, para su gran alegría, le afirmo que
la felicidad existe y está a su alcance.
Esta jornada mística le va a abrir las
puertas de la felicidad y usted, finalmente,
entrará en el reino de los Cielos, que el
Maestro pregonaba hace dos mil años.
Hasta ahora usted no consiguió nada,
a pesar de haber lanzado las redes,
como sucedió con los discípulos de Jesús
la noche en que mucho trabajaron y nada
pescaron.
Es que mientras usted vive en el vaivén
de emociones y pensamientos contradictorios,
mientras usted se debate en la corriente de
las aflicciones y de los tormentos internos,
se hace difícil, o casi imposible, alcanzar
las profundas aguas interiores que permiten
el acceso al reino de los Cielos aquí en
esta vida.
Pero, tranquilícese.
Ahora usted mismo abrirá la vía que le
permitirá el acceso al país de la felicidad,
o, como decía Jesús, al reino de los Cielos.
En verdad, si todos los caminos llevan a
Roma, no todos llevan al reino de los
Cielos.
Siga, sin embargo, por esta senda segura y
verá que su mente se iluminará como la
aurora ilumina las flores y colma de oro las
gotas de rocío.
Su salud se renovará.
Este es el camino místico que curará
enfermedades y restablecerá la armonía del
cuerpo.
La Salud vuelve a Usted
¡Cómo lucha usted, diariamente, para reencontrar
las energías físicas y crear vitalidad orgánica!
¡Recuerde los numerosos tratamientos, los numerosos
médicos, las numerosas experiencias, las numerosas
tentativas, los numerosos remedios, los numerosos
procesos!
Tal vez usted hasta esté ya entregando las armas,
desanimado totalmente, porque le dijeron que su
mal es irreversible y fatal.
A pesar de ello, ahora un destello de esperanza
brilla en usted.
Esta jornada será su salvación.
Usted alcanzará la curación total, accionando la
fuerza curativa todopoderosa, que existe en las
profundidades de su subconsciente.
Tenga la seguridad de que esta caminata por el
destierro místico de usted mismo lo llevará a
la perfección física.
Su cuerpo es la forma por la cual Dios, a través
suyo, se expresa en el universo, por eso usted
es llamado a tener un cuerpo perfecto, así como
el Padre es perfecto, en la palabra de Jesús.
Venga a este destierro maravilloso, inicie con
fe y entusiasmo esta jornada, y verá que los
resultados serán realmente milagrosos.
Cuarenta Días en el Desierto
Antes de entrar a la vida pública, Jesús se retiró
al desierto y allí permaneció durante cuarenta
días y cuarenta noches, como lo cuenta el Evangelio.
Luego de esa jornada interior, El surge ante el
mundo como el Salvador, el Mesías, el enviado de
Dios, y, en comunión con el Padre, iluminado
interiormente, poseído por el Espíritu Santo,
salió a predicar la Buena Nueva y a realizar
milagros y prodigios.
El número cuarenta es bastante usado en la Biblia,
lo que significa que hay un sentido místico en
su contenido.
El tiempo de preparación para la vida pública
fue de cuarenta días y cuarenta noches, como
vimos; luego de la resurrección estuvo cuarenta
días con los apóstoles. Moisés ayunó cuarenta
días y cuarenta noches antes de recibir las
Tablas de la Ley; al llegar al pueblo con las
Tablas de la Ley, lo vio caído en la idolatría;
entonces, quebró las Tablas y ayunó cuarenta
días y cuarenta noches más, para recibir las
segundas Tablas de la Ley. La ciudad de
Nínive tuvo que hacer penitencia cuarenta días,
para librarse de la destrucción. El diluvio
druó cuarenta días. Elías ayunó cuarenta días
y cuarenta noches al subir al monte Horeb; los
judíos pasaron cuarenta años en el desierto.
Ya en la liturgia cristiana tenemos los cuarenta
días de cuaresma, antes de las fiestas de
Pascua.
Jesús Después del Desierto
Al salir del desierto, Jesús se transformó en la
palabra curativa. Se proclamó el Camino, la Verdad
y la Vida. Dominó todas las fuerzas negativas,
tanto de las enfermedades mentales como de las
físicas. Sobrepasó la acción de los enemigos,
ofensores y agresores. Era la paz, el amor, la
grandeza, la nobleza, la palabra, el carisma.
Vivió siempre en el reino de los Cielos, que
predicó a los otros.
Al emerger, con esas Fuerzas Divinas en sí mismo,
estuvo por encima de la fascinación del poder
temporal, de la vanidad y del orgullo.
En El se equilibraban maravillosamente la
grandeza y la simplicidad, la justicia y la
misericordia, la tolerancia y la perfección.
Usted también pasará, a partir de hoy, cuarenta
días y cuarenta noches en el desierto de usted
mismo, en comunión con el Padre y con el
Espíritu Santo, abriendo los canales de su
mente, de su corazón y de su cuerpo, para que
la iluminación mental y la perfección física
se manifiesten en forma esplendorosa en usted.
Esté seguro de que será gran acontecimiento
de su vida. Por este camino alegre y positivo
usted golpeará la puerta del reino de los
Cielos. Y será saludable y feliz.
Las Cuatro Etapas
Estos cuarenta días comprenden cuatro etapas de
diez días cada una.
En la primera etapa, usted recorrerá los caminos
de la mente, purificándola, abriéndola de par en
par, para que la Luz Divina la alcance totalmente.
En estos diez días usted se liberará, acabará con
los complejos, con los sentimientos de culpa, con
los miedos, con las preocupaciones, con los traumas,
con los problemas, con los nerviosismos, con la
depresión y con los errores y pecados.
En la segunda etapa, usted acabará con el vacío
insoportable del corazón, con la soledad, con el
odio, con los fracasos en el amor, con el desamor,
con los problemas sexuales, con el miedo de perder
el amor, con los complejos del corazón, con la
incapacidad de perdonar y con el corazón duro
y frío.
En la tercera etapa, su cuerpo será lavado,
abriendo todos los canales para que el flujo
curativo y la energía vital alcancen todas las
células, átomos, órganos, glándulas, sangre,
huesos, piel, nervios y músculos.
En la cuarta y última etapa, usted tendrá la
mente ilumianda, el corazón iluminado, el cuerpo
iluminado; sentirá a Dios en usted mismo,
descubrirá su propia grandeza, establecerá
contacto con el Poder Infinito en su interior,
será positivo, perfecto, claro y entrará en el
reino de los Cielos.
Autor: Lauro Trevisan
Etapa I - Liberación de la Mente
Etapa II - Liberación del Corazón
Etapa III - Salud para el cuerpo
Etapa IV - Mente ilumianda cuerpo sano
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