El Tao Te Ching es seguramente uno de los libros más importantes y enigmáticos que ha producido
el pensamiento oriental.
Por tratarse de una obra discretamente conocida en occidente y aun fuera de los ambientes
especializados, hemos preferido no traducir el titulo.
La palabra Tao significa vía, camino. Algunos traductores siguiendo una interpretación china más
tardía describen camino celeste debido a una correspondencia simbólica con la vía láctea.
Otros usan la palabra regla o regla celeste, lo que rinde en forma demasiado libre, en nuestro
concepto, la idea de Tao pudiéndose entender en un sentido normativo y dogmático, lo que no
corresponde a la concepción metafísica de los taoístas.
Mucho peor nos parece el uso del termino razón, que se remonta según creemos a los misioneros.
Además de referirse al pensamiento lógico y discursivo -que nada tiene que ver con el Tao- no tiene en
cuenta que el chino prefiere las implicaciones de la imagen a lo explícito del concepto.
Por otro lado, la fama consagrada por la larga historia de esta palabra constituye una razón suficiente
para no traducirla.
La idea es la de un principio primordial anterior a toda manifestación: más allá de todo nombre,
origen de todo y al cual todo debe retornar. Se trata del camino por excelencia y
no de un camino.
La palabra Te significa eficacia, manera de conformarse a (Tao). Ha sido traducida por virtud (en el
sentido del latín clásico virtus cuya raiz vis, fuerza, del sánscrito var, no tiene connotación moral) y
también por poder, traducciones que hemos empleado en nuestra versión según los casos.
El Taoísmo es esencialmente una doctrina iniciática, que implica realizaciones en el orden
metafísico, y no "místico" como algunos interpretes han traducido erróneamente.
Por esta razón, y sin que esto signifique negar la existencia histórica de Lao Tzu, la doctrina taoísta
se dirige mas hacia el mito y la cosmogonía que a la historia; por esto el simbolismo y las imágenes
tienen mayor importancia que los hechos históricos en cuanto tales.
La leyenda de Lao Tzu y el origen del Tao Te Ching se relaciona entonces muy estrechamente con
la comprensión profunda de la doctrina taoísta. Por otro lado, los antropólogos y los historiadores de las
religiones saben muy bien lo que significa un mito de origen que se remonta a un tiempo
indeterminado.
Es conocida la existencia de una leyenda de fundación o mito de origen en toda organización
iniciática.
En dicha leyenda Lao Tzu aparece en este mundo por nacimiento virginal. Su madre lo dio a luz
bajo la sombra de un ciruelo, después de haber tragado un huevo en forma de
pera. El embarazo duro setenta y dos años.
Lao nació como niño viejo, con cabello cano y rostro arrugado, y como tenia orejas mas grandes de
lo normal se le dio el nombre de Li-Ar (orejas de ciruelo); luego tuvo el nombre de Li-Tan (orejas
largas), el que fue sustituido después por sus seguidores por el de Lao Tzu (el viejo sabio).
La leyenda indica después varios viajes a distintos países de oriente y su vuelta a la China donde
ejerció un cargo de funcionario en el estado de Chu. Pero termino bruscamente su carrera cuando subió
sobre un carro conducido por un buey azul para alcanzar las fronteras del reino.
Allí encontró a Yin-hi oficial gobernador del paso de Han-ku, hombre virtuoso que escondía su
sabiduría. Yin-hi que había tenido una premonición de que iba a encontrarse con un gran sabio, luego
de haber conversado con Lao Tzu le suplicó que pusiera por escrito su enseñanza.
Este seria el origen del Tao Te Ching, según la leyenda, en la que el libro aparece como una especie
de testamento espiritual dejado por el sabio antes de pasar la frontera del Tíbet o de la India.
Entre las numerosas implicaciones que el simbolismo de la leyenda nos ofrece, tenemos que
considerar de manera especial, que 'la frontera del imperio", a la cual hay muchas alusiones en el texto,
equivale a los limites o umbrales del mundo (entendiéndose este como el mundo humano y civilizado).
La leyenda se relaciona también estrechamente con la doctrina del "alma embrionaria", cuyo
desarrollo depende únicamente de cada ser humano y de su manera de vivir siguiendo la voluntad del
cielo, lo cual no implica ninguna revelación particular. Esta realización fue objeto de numerosas
enseñanzas y practicas taoístas.
La idea de la madre embrión está en evidente relación con la madre secreta y universal, que se halla
en numerosos pasajes de nuestro texto.
En cuanto al equilibrio necesario para el desarrollo del alma embrión este depende de un cultivo
armónico entre el cuerpo y las varias almas (vital, mental, espiritual). La doctrina de las almas
múltiples se deriva de la antigua enseñanza china.
Fuentes de la doctrina taoísta
Las remotas fuentes de la doctrina taoísta se hallan seguramente en los primeros desarrollos de la
más antigua cultura china que toma su denominación del río amarillo (Hoang Ho) y de la gran llanura
fertilizada por este río. Antes de su expansión hacia el norte y el oeste esta cultura de campesinos se
manifestó con una asombrosa originalidad, y de ella salió la idea del Tao al parecer concebida primero
como principio del orden universal impersonal, que en sus sucesivas elaboraciones metafísicas,
sociales, políticas y morales, debía dar vida a todo el pensamiento chino, sea al de Confucio como al de
Lao Tze.
La doctrina del Tao es entonces mucho más antigua que el Taoísmo propiamente dicho. La tabla
publicada por Hsu-Ti-Shan indica como los brujos y los analistas que rodeaban al rey campesino
contribuyeron cada uno por su lado, a su formación arcaica de acuerdo con sus investigaciones, las que
tenían como denominador común preocupaciones cósmicas puesto que su asesoramiento se refería a
la confección del calendario, para asegurar la correspondencia armónica entre el ciclo de las estaciones
y el ciclo de la vida agrícola y social.
De estas dos escuelas habría nacido el I Ching (Libro de los Cambios) obra metafísica y
cosmológica que luego fue usada como oráculo imperial a través de una serie de añadiduras y
elaboraciones posteriores.
Del I Ching provienen las doctrinas confucianas, taoístas y la del Tao Te.
Aunque señalando influjos recíprocos Hsu-Ti-Shan indica como antecedentes directos de la doctrina
específicamente taoísta, la doctrina de los “brujos” del I Ching, la "escuela de los números", luego la
doctrina de las artes mágicas, de los adivinos, de los astrónomos y astrólogos, la del Tao Te y las
escuelas de Mo Tzu. Siguen la medicina, la higiene sexual, la escuela del calendario y la del Yin Yang,
la doctrina de los cinco elementos y la de la inmortalidad. Todas ellas habrían confluido en la
formación del taoísmo. Pero nos parece evidente que una línea más directa por cuanto se refiere a Lao
Tzu y al taoísmo antiguo puede señalarse a partir del I Ching en las “escuelas” del Tao Te, la del Yin
Yang y de la Inmortalidad.
La idea de la armonía entre cielo y tierra y el hombre (por excelencia el rey) intermediario entre los
dos, son principios comunes a toda la cultura china.
La doctrina del Yin Yang en el Tao Te Ching
La doctrina del Yin Yang es uno de los productos más geniales de la metafísica china, pero no
siempre bien entendida por los interpretes occidentales.
La unidad es concebida como Tai Ki, la monada, en ambos casos en el sentido metafísico y no
matemático.
La diada de los pitagóricos se asemeja algo al Yin Yang, pero no ha tenido ni la importancia, ni las
aplicaciones sucesivas a todas las ciencias que se han producido en la cultura china debido a que a
Grecia le faltaba un libro como el I Ching.
Se han registrado también analogías entre Lao y Heráclito, y éstas no pueden negarse por cierto en
lo que se refiere al uso constante de la paradoja, a una dialéctica subordinada a la metafísica, la que
lleva siempre implícita la idea de una unidad superior. En este sentido el Logos heracliteo tiene cierto
parecido con el Tao.
Como todos los pueblos dedicados a la agricultura, los chinos han atribuido una gran importancia a
los ciclos astronómicos y a su influencia constante en la vida de la sociedad humana.
El periodo Yin durante el año corresponde al otoño y al invierno y durante el ciclo diario a la noche
y a la luna. En este período no hay trabajo en el campo. La sociedad subsiste por las labores de las
mujeres que tejen, que son activas en el hogar.
El periodo Yang durante el año corresponde a la primavera y al verano, al día, al sol, al calor. Los
hombres trabajan el campo. Yang corresponde al sexo fuerte.
Las antiguas canciones nupciales chinas celebran los “matrimonios” masivos que se efectuaban
durante la primavera, cuando los jóvenes cruzaban a nado el río para unirse con las jóvenes y procrear.
Esta era la unión del Yin Yang.
Para pensar en las fases de la luna primero hay que pensar en la luna; de esta manera primero hay la
idea de un orden y luego de sus ritmos.
Así el Yin Yang es un principio metafísico y en forma subordinada: aspectos de la naturaleza del
cosmos, de la especie humana, de los animales, de las plantas y hasta de las cosas, que no son
concebidas como inanimadas porque llevan fuerzas Yin y Yang. Hay un orden de prioridad que se
expresa así:
Tao
Yin Yang
y no Tao = Yin Yang.
Algo enigmática aparece la razón por la cual el Yin receptivo y obscuro antecede tradicionalmente al
Yang expansivo y luminoso.
Los sociólogos aducen una razón histórica y antropológica, la de que el régimen matriarcal habría
sido anterior al patriarcal en la China arcaica y este hecho explicaría porque la tradición pone el Yin
antes que el Yang.
Pensando en el alma-embrión, hay que tener en cuenta la anterioridad de la situación subterránea,
oscura, de la semilla, del caos, del huevo, a la del árbol, del orden cósmico, de las aves y de los seres
orgánicos.
Hay que considerar la idea de lo embrionario, en cuanto tiene en sí, en principio, toda la virtualidad
de sus desarrollos futuros. Es sabido como esta idea es de suma importancia en el taoísmo y en su
constante del retorno al caos primordial, que es una imagen de la unidad indistinta a partir de la cual se
expandió el mundo mediante un movimiento en torbellino, que hizo que las cosas individuales (los diez
mil seres) se desprendiesen en sus distintas combinaciones de Yin y de Yang.
De otro lado, no hay lector perspicaz de nuestro texto, que no vea la insistencia en los símbolos del
Yin. Particularmente significativa en relación con el Te.
Los confucianos - que conciben el Yin Yang con menor profundidad - sitúan el Yang en absoluta
superioridad y le confieren también un rasgo de superioridad moral.
Es innegable que aunque nuestro texto se inspira en una noble afirmación de sabiduría, hay en él,
algunos pasajes que pueden prestarse a practicas de magia. Quizá debido al influjo de lo que se ha
propiamente denominado la “escuela del Yin Yang" (a la que se remonta la alquimia china) por lo
menos en la redacción de Wang Pi (siglo II DC).
Hacer-no-haciendo (Wey-Wu-Wey)
Ofrecemos una explicación indispensable acerca de la expresión Wu-Wei: no-hacer, muy usada en
nuestro libro, y que muchos occidentales poco perspicaces han interpretado como quietismo y
pasividad.
Aquí podríamos citar aquel fragmento de Heráclito que se refiere al poder del niño y que puede
confrontarse con los numerosos pasajes que nuestro texto ofrece acerca del niño.
En verdad, es muy difícil para un hombre occidental moderno entender una doctrina de la acción
como aquella del Wey-Wu-Wey (hacer-no-haciendo).
La idea taoísta es la de un retorno a la acción espontánea, como la del niño que juega únicamente
por jugar, como la del viento que mueve los árboles, como la del riachuelo que corre.
La moderna psicología occidental ha notado en el hombre el prevalecer de la memoria de los hechos
remotos y el remontarse a la niñez como a una "edad de oro", lo que explica también la predilección de
los viejos hacia los niños y su mayor comprensión de la mentalidad infantil. Hechos cuya importancia
no está desprovista de significado si se piensa en la experiencia de la vida que el anciano posee.
Los taoístas están aquí en oposición abierta y expresan su rechazo por los ideales confucianos y por
la falacia de su manera de concebir la existencia humana, valorizando esencialmente la maduración
racional y la experiencia como factores enteramente positivos. Rechazan además la imposición de las
actitudes solemnes en el trato con los demás y con todos los convencionalismos fijados por el ritual que
el niño desconoce.
Esto nos aclara además las aparentes extravagancias y los modales de niños traviesos adoptados por
los taoístas en los medios populares.
La conciencia "difusa", la visión abierta de los niños, cuya mente no esta todavía esclavizada por los
prejuicios y los hábitos, es comparable a la actividad natural y puede relacionarse con otros famosos
textos taoístas como aquel que afirma que el sol no necesita conciencia de dar la luz y el calor (la vida)
a la tierra para darla; que el cielo manda la lluvia sin '”tener la intención" de beneficiar a la tierra, etc.
"El buen caminante no deja huellas" dice nuestro texto. Se trata de la acción impersonal, espontánea,
que actúa como los fenómenos naturales.
La conciencia del "yo" y la "referencia al yo" se adueña de la acción, la estropea y la malogra,
porque la subordina - más o menos claramente - a sus propios fines.
La aceptación receptiva (y no pasiva) de la voluntad del cielo es la que está representada
repetidamente en nuestro texto, mediante el símbolo del "valle" y "el espíritu del valle"; es la ley del
sabio, y el actuar conforme a esta ley - sin tener en cuenta sus propios deseos o su propia voluntad - es
el camino trazado por el cielo, es llegar al Tao, puesto que la ley de la tierra es el cielo y la ley del cielo
es el Tao.
En la concepción de los taoístas, el hombre está rodeado de fuerzas que tienden a desvirtuar sus
acciones y su conducta. No solamente el contacto con los hombres es contaminante, sino lo es también
con las cosas, con los objetos que pueden servir de soporte a las "influencias errantes", fuerzas
invisibles que el hombre profano desconoce pero que pueden determinarlo a asumir como propios,
deseos y logros que provienen de estos influjos.
Así mismo, el taoísmo condena la autosuficiencia, la ley que uno se da a sí mismo, arbitrariamente,
puesto que se fundamenta en la ignorancia de sus causas ocultas. Por eso, el verdadero sabio se
presenta a los hombres como un mendigo, como un torpe, como un loco. Todo el convencionalismo
social, hace que el sabio tome esta actitud de contra pie y se presente como envuelto en las fuerzas
oscuras del Yin, templando la luz interior, como dice nuestro texto. Porque esa no es "su luz", sino la
luz; no es "su gloria", sino la gloria.
Solo así puede ser el "valle del mundo" o el "cauce del mundo", solo así puede "estar en el centro"
que es la posición polar; ser el inmóvil señor del movimiento, que todo lo dirige sin dirigirlo.
Hacer-no-haciendo es "nutrirse en el seno de la madre" (cósmica) como dice el texto, lo que
constituye su gloria suprema.
El Wu~Wei es entonces una doctrina de la acción.
El Te que realiza este tipo de acción tiene su fundamentación en una ley que es aquella de las
"acciones y reacciones concordantes".
Esta ley se halla indicada en nuestro texto y en particular en uno de los capítulos, pero con la
indicación final que prohibe enseñarla a los profanos.
Por lo que sabemos de fuentes taoístas orales, se trataría de uno de los pilares de la tradición taoísta y
tiene una especial aplicación referida a la ley del movimiento.
Puesto que la ley del mundo, en cuanto a su dinámica, es Yin Yang, ésta se aplica a los dos tipos de
movimientos que al alternarse caracterizan la vida biológica y natural. Al movimiento Yin =
contracción, sigue el Yang = expansión y el continuum de la vida esta constituido por esta
discontinuidad en cuanto es rítmica.
Producir una contracción significa provocar una reacción expansiva. Según los taoístas, se trata de
cosas que todo hombre profano sabe, pero a las que no se les da todo el alcance que tienen.
Solamente tenemos que aclarar que el Te está esencialmente fundamentado en esta doctrina,
teniendo en cuenta que el criterio ético no tiene nada que ver con ella.
“Que se quede el pez en la profundidad del agua", dice Lao Tzu. Porque es demasiado evidente que
esta ley puede ser aplicada para conseguir fines no precisamente nobles.
La concepción del hombre en el taoísmo
El taoísmo ha impreso un sello particular a la concepción general del hombre que es propia de la
China tradicional, o sea a aquella que tiene su origen común en el pensamiento arcaico.
Entre las muchas triadas que existen en la tradición china una de ellas se refiere al hombre, situado
entre el cielo (lo transcendente, lo espiritual) y la tierra (lo inmanente, lo material); siendo el hombre -
como hijo del cielo y de la tierra - intermediario entre los dos, este rol es personificado por excelencia
en el rey y luego por el emperador “hijo del cielo".
Esto está en cierta correspondencia con otra triada: cielo, tierra y centro (espacio intermediario) lo
que corresponde a los "tres mundos" del cosmos religioso hindú y también a las tres pachas de la
religión incaica.
La concepción del hombre se halla relacionada con esta posición central; por eso el emperador al
celebrar los grandes sacrificios, tenía que estar situado en el centro.
Si consideramos al taoísmo como una religión, tendríamos que clasificarlo entre las religiones del
orden eterno del mundo en contraposición con aquellas que se fundamentan en la revelación histórica
de Dios. Sería entonces una religión que pertenecería al mismo grupo en el cual se sitúan el hinduismo
y el budismo.
Pero aunque el taoísmo debía tomar en un determinado momento la forma de una religión, todos
reconocen que eso no proviene de su naturaleza propia, sino de un influjo posterior del budismo, única
religión que apareció al principio de nuestra era en la China.
Esto permitió al taoísmo influir notablemente en el budismo chino y especialmente en la escuela
Chan, más conocida en occidente por la versión japonesa el budismo zen.
Pero el taoísmo - a pesar de sus características religiosas formales - no ha sido nunca una religión en
el sentido propio del termino. Fue esencialmente una metafísica y un modo de vida en su aspecto mas
elevado, y sus oscilaciones posteriores entre la metafísica, la alquimia y la magia, no le quitaron nunca
su carácter esotérico, ni el prestigio de ciertos conocimientos secretos, del que gozó en la antigua
aristocracia, así como en los estratos populares.
Es innegable que al taoísmo se debe la creación de la alquimia, de la medicina china tradicional y de
variadas practicas de adivinación, entre las que fue particularmente cultivado el estudio detenido de los
signos corporales.
La idea inicial de la longevidad se halla relacionada con el armónico desarrollo del alma
embrionaria que supone un equilibrio constante entre el cuerpo y las diferentes almas, evitando que una
de estas partes se desarrolle en exceso, debilitando a otras.
Esto ha producido también en los medios taoístas unas practicas respiratorias, similares a las del
Yoga hindú, así como unas practicas de dietética y hasta eróticas, todas las cuales, parece ser, fueron
importadas de la India.
La longevidad taoísta, así como la concepción de los "inmortales" no fue nunca, en los círculos
taoístas ilustrados, sino el símbolo de una integración del ser humano con la emanación del principio
transcendente que reside en él y es en este sentido que deben entenderse los grandes textos taoístas
como Lao Tzu, Chuang Tzu, Lieh Tzu.
La cosmogonía china y el taoísmo
Una cosmogonía filosófica aparece en nuestro texto (cap.42) y en las numerosas alusiones de
Chuang Tzu, aunque todas parecen remontarse a una tradición común, con una interpretación
específicamente taoísta.
En nuestro texto se hallan numerosas alusiones a los "espíritus". A la muerte del hombre, el alma
espiritual "Hun", vuelve a su origen cósmico mientras que el alma inferior P'o,
receptáculo de las emociones, deseos, memorias, etc. queda desencarnada en la tierra. Su naturaleza es
Yin y por eso se asimila a los espíritus Kwei, ligados a la tierra y con ciertos rasgos demoníacos.
Los espíritus Shen, de naturaleza Yang, son celestes y luminosos y podrían compararse con los
ángeles.
A estas legiones innumerables hay que agregar las "influencias errantes", Pai, muy temidas por su
influjo sobre los hombres.
Los inmortales son los hombres superiores, los sabios. Son inmortales por haber emanado
directamente del Tao, mucho antes de la creación del cielo y de la tierra. Son los que viven
eternamente.
Encontramos en el taoísmo la misma distinción común a todo el oriente, a pesar de las diferencias de
detalles, entre lo no manifestado y la manifestación, que se divide en informal y formal, y esta última
en psíquica o sutil y sensible o corporal.
La tradición y la crítica histórica
La tradición china hace remontar la existencia histórica de Lao Tu y la composición de nuestro texto
al siglo VI a. C. y lo presenta como contemporáneo de Kung~Fu-Tzu y de Buda.
Los primeros occidentales que se preocuparon por el estudio de la cultura china, durante el siglo
XVII dedicaron mucha importancia a los "Ching" del canon confuciano y estudiaron luego el budismo
chino, pero desconocieron los libros de los taoístas, que calificaron de “ateos y políticos". Esto se
explica, entre otras cosas, a que vivían en constante contacto con los letrados confucianos, hasta el
punto de vestir sus trajes y adoptar sus ritos.
Otra razón debe buscarse en la existencia de las sociedades secretas de inspiración taoísta, que
participaron activamente en la política del imperio.
Más tarde, cuando el anarquismo surgió en Europa, Lao Tzu fue considerado en occidente como uno
de los más calificados representantes o precursor de un pretendido anarquismo individualista.
Fue el siglo XIX el que vio surgir los primeros estudios serios y las primeras traducciones del Tao
Te Ching, estudios y traducciones que se intensificaron y multiplicaron en el siglo XX.
Todas las fuentes indican el siglo VI como el siglo de Lao Tzu.
Los estudiosos chinos y japoneses han resumido su posición en los siguientes tres puntos:
1) Que el texto que hoy se presenta no puede tener como autor a Lao Tze contemporáneo de
Confucio.
2) Que un texto muy parecido existía al final de la época de los Reinos Combatientes, época en la
cual se disolvió el primer feudalismo chino que surgió en el Siglo IX a. C.
3) Que muchos de los aforismos que figuran en nuestro texto, circulaban desde hacia mucho
tiempo en los círculos filosóficos, pero que no eran atribuidos a Lao Tzu.
El acentuado individualismo que caracteriza a la crítica occidental y el prevalecer de sus
preocupaciones históricas, el ansia de demostrar la falsedad de toda tradición, es su lugar común.
Un texto que exalta el anonimato y la obscuridad y que dice que el buen caminante no deja huella,
nos parece que debería desanimar un poco a todos aquellos que buscan su paternidad.
Por otro lado reconocemos como muy probable que el Tao Te Ching - cuya inspiración en el I Ching
es innegable - haya sido compuesto mediante sucesivas estratificaciones, como lo fue el Libro de los
Cambios.
No hay que olvidar que el individualismo de Confucio, que ha servido como punto de referencia
para estas inútiles especulaciones, es algo excepcional en la antigüedad oriental, en la que es costumbre
atribuir doctrinas desarrolladas por unos discípulos, de acuerdo con una determinada tradición y a veces
durante siglos, a su fundador, sin necesidad de pensar que se trate de un ser mítico y sin ponerle un
"pseudo" por delante.
Onorio Ferrero, Lima - 1972
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