"Yo soy la vid, vosotros los
sarmientos: quien permanece en mí y
yo en él dará mucho fruto; pues sin
mí no podeís hacer nada".
Sal 5, 12
La pregunta más importante del mundo,
base de todo acto maduro es: ¿Yo quién
soy? Porque, sin conocerte, no puedes
conocer ni a Dios. Conocerte a ti mismo
es fundamental.
Hay una cosa dentro de nosotros que es
preciosa. Una perla preciosa. Un tesoro.
El Reino de Dios está dentro de nosotros.
¡Si al menos descubriésemos eso!
Para despertarse, el único camino es la
observación. El irse observando uno a sí
mismo, sus reacciones, sus hábitos y la
razón de por qué responde así. Observarse
sin críticas, sin justificaciones ni sentido
de culpabilidad ni miedo a descubrir la
verdad; es conocerse a fondo.
Si tienes problemas es que estás dormido.
La vida no es problemática. Es el yo (la
mente humana) el que crea los problemas.
Cuestiónalo todo y saca la realidad que
hay detrás de los cuestionamientos. El
día en que sientas el vacío de quedarte
sin nada a qué agarrarte, ¡buena señal!
Entonces ya puedes empezar a construir
con realidad.
El yo no está bien ni mal, no es bello ni
feo, inteligente ni estúpido. El yo es,
simplemente. Indescriptible, como el
espíritu. Todas las cosas -como tus
sentimientos, pensamientos y células-
vienen y van. No te identifiques con
ninguna de ellas. El yo no es ninguna
de ellas.
La espiritualidad es, en verdad, una
cuestión de ser quienes somos, de
transformarnos en lo que somos, de ver
quiénes somos.
Lo que llamas yo no eres tú, ni eres
tampoco tu parentela, ni tu padre ni tu
madre, porque eres hijo de la vida.
La espiritualidad es la que intenta
solucionarte. Busca solucionar el problema
del yo, que es el que está generando los
problemas que te llevan al psicólogo y al
psiquiatra. La espiritualidad va directamente
a la raíz, a rescatar tu yo, el auténtico,
que está ahogado por barreras que no lo dejan
ser libremente.
Si sintieses o mirases, o te sentases y
tomases contacto contigo mismo, llegarías
al silencio, y las cosas te serían reveladas.
Cuidar de ti mismo es una actitud egoísta y
autosuficiente, pero cristiana en su origen
y saludable en sus resultados. Aprende a
vivir en forma plena, humana y feliz cada
día. La actitud verdaderamente humana es
aprender a nadar, y no ahogarte con tu amigo.
La vida es muy importante para ser desperdiciada
en el ansia de ser rico, famoso o de buena
presencia, popular, bello; o en el pavor de ser
pobre, desconocido, ignorado o feo. Estas cosas
pierden importancia como si fuesen guijarros
alrededor de un diamante fulgurante. Tú, tu
verdadero yo, siempre fue y será un diamante.
El valor de tu vida es incalculable.
Cuando desistimos de existir mecánicamente,
dejamos de ser marionetas. ¿Cómo podremos
tener una vida espiritual si no estamos vivos?
¿Cómo ser discípulos de Jesús, si somos seres
mecanizados, marionetas?
Para ser como Jesús, has de ser tú mismo,
sin copiar a nadie, pues todo lo auténtico
es lo real, como real era Jesús.
Nadie más podrá mantener tu yo fuera de ti
y decir: "Mejórese, sométase, obedezca, y
le daré su propio yo." Ya no crees en que
otro tenga el poder de darte tu propio yo,
ni de tomarlo de ti. ¿Sabes lo que significa
no sentirse nunca más molesto ni receloso?
Esto es una perla de inestimable valor.
Santa Teresa dijo que Dios le concedió el
don de desidentificarse de sí misma y poder
ver las cosas desde afuera. Éste es un gran
don pues el único obstáculo y raíz de todo
problema es el yo.
Vivir desidentificados es vivir sin apegos,
olvidados del ego, que es el que genera
egoísmos, deseos y celos, y por el cual entran
todos los conflictos.
La paz no es necesariamente destruida por
la disputa o la discusión.
- Anthony de Mello -
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