"No os preocupéis del mañana,
que el mañana se ocupará de sí.
A cada día le basta su problema".
Mt 6, 34
El día en que ustedes paren de correr, llegarán.
La idea que la gente tiene de la eternidad es
estúpida. Piensa que dura para siempre porque
está fuera del tiempo. La vida eterna es
ahora, está aquí, y a ti te han confundido
hablándote de un futuro que esperas mientras
te pierdes la maravilla de la vida que es el
ahora. Te pierdes la verdad.
El temor al futuro, o la esperanza en el futuro,
es igual, son proyecciones del pasado. Sin
proyección no hay futuro, pues no existe lo que
no entra en la realidad.
Las cosas sólo serán cuando deban ser, por
mucha prisa que te des. La realidad no es
algo que se pueda forzar ni comprar. Se
trata de ver la realidad del como es.
Lo que la sociedad te enseñó a atesorar no
vale nada. Lo que la historia te legó como
honor, patria, deber, etc. no vale nada, porque
tienes que vivir libremente el ahora, separado
de los recuerdos, que están muertos: sólo está
vivo el presente y lo que tú vas descubriendo
con él como real.
Experimenta la realidad, ven hasta tus sentidos.
Eso te traerá hacia el ahora. Eso te traerá a
la experiencia. Es en el ahora donde se
encuentra a Dios.
Se dice que un gran sabio le dijo a un
emperador romano: "Cuando llegue el día de tu
muerte, morirás sin haber vivido." Despertemos
para que esto no sea nuestro epitafio.
Obsérvate a ti mismo. A medida que te observes,
no sólo mentalmente, sino como un observador
imparcial, dejarás tu existencia mecánica y de
marioneta, y llegarás a ser discípulo de
Jesucristo.
Vivir libremente, siendo dueño de uno mismo,
es no dejarse llevar ni por persona ni situación
alguna. Saber que nada ni nadie tiene poder
sobre uno ni sobre sus decisiones. Eso es vivir
mejor que un rey, y saber oír esa hermosa sinfonía
de la vida y disfrutarla.
Las personas programadas van buscando siempre
hacer mejor las cosas. Van ansiosos de victorias,
de conquistas, de logros y nunca están satisfechos;
por eso sufren tanto cuando no alcanzan las metas
que su exigencia les impone. Son seres que no
viven ni disfrutan con lo real. Estos seres
extienden su exigencia a los demás y por eso están
incapacitados para amar. Buscan la felicidad donde
no está.
La Realidad, la Verdad, por ser Una, no es de
nadie en exclusiva, porque es de todos; pero
menos lo es de los que quieren cristalizarla,
porque eso que se deja atrapar, ya no es Verdad.
Sólo hay vida en el presente, y vivir en el presente
supone dejar los recuerdos, como algo muerto, y
vivir las personas y los acontecimientos como algo
nuevo, recién estrenado, abierto a la sorpresa que
cada momento te puede descubrir.
Si no te agarras a ningún concepto, cosa o ideología,
te será fácil descubrir dónde están la verdad y la
realidad.
Cuando se te abran los ojos, verás cómo todo cambia,
que el pasado está muerto y el que se duerme en el
pasado está muerto, porque sólo el presente es vivo
si tú estás despierto en él.
El ir contra la realidad, haciendo problemas de
las cosas, es creer que tú importas, y lo cierto
es que tú, como personaje individual, no importas
nada. Ni tú, ni tus decesiones ni acciones importan
en el desarrollo de la vida; es la vida la que
importa y ella sigue su curso. Sólo cuando comprendes
esto y te acoplas a la unidad, tu vida cobra sentido.
Y esto queda muy claro en el Evangelio.
Abstracción no es vida. La vida se encuentra en la
experiencia. Es como un menú que es maravilloso
leer. Puedes guiar tu vida por el menú, pero el
menú no es la comida. Y si gastases todo el tiempo
con el menú, nunca comerías nada. Algunas veces es
aun peor; hay personas que se están comiendo el
menú. Están viviendo de ideas, perdiendo la vida.
El Reino de Dios está aquí y es ahora. Es posible
que hayas ganado el mundo con el aplauso, pero
perdiste la vida. La vida es algo que pasa mientras
tú estás ocupado haciendo cosas.
Un pájaro herido no puede volar, pero un pájaro que
se apega a una rama de árbol, tampoco. ¡Deja de
apegarte al pasado! Dice el proverbio hindú: El
agua se purifica fluyendo; el hombre, avanzando.
Lo peor y más peligroso del que duerme es creer
que está despierto y confundir sus sueños con la
realidad.
La muerte de Jesús descubre la realidad en una
sociedad que está dormida, y por ello su muerte
es la luz. Es el grito para que despertemos.
No puedes meter un huracán en una caja, y tampoco
puedes meter la realidad en una caja. Los límites
de la realidad son inmensos y movibles. Lo que
ocurre es que el mundo en que estamos
acostumbrados a movernos no es la realidad, sino
un conjunto de conceptos mentales.
Cuando san Juan de la Cruz habla de la purificación
de la memoria, se refiere a purificarla de toda
emoción. No anclarse en los recuerdos, ni sufrir
de nostalgia, ni de añoranzas. Liberarse de las
emociones del pasado.
- Anthony de Mello -
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