Jamás en mi vida fui culpable de decir cosas de un modo distinto del modo en que las veía: mi naturaleza me conduce en línea recta a la esencia de las cosas. Y si muchas veces me equivoco en este camino, tengo la certeza de que la propia verdad, en última instancia, se hará oír y sentir por sí misma, como ya ocurrió muchas veces en mi vida.
Quienes consideren que la no violencia es el único método para lograr una libertad genuina, que mantengan encendida su lámpara en el seno de la impenetrable tiniebla actual. La verdad de unos pocos prevalecerá: la falsedad de millones se dispersará como una cáscara seca en el viento.
Las fugaces vislumbres que he podido tener de la verdad, difícilmente pueden dar una idea del brillo indescriptible de la verdad, un millón de veces más intenso que el del sol que vemos diariamente con nuestros ojos. En realidad, lo que he captado es apenas un débil centelleo del poderoso resplandor. Lo que sí puedo afirmar con certeza, como resultado de mis experiencias, es que una perfecta visión de la verdad adviene tras una realización completa de la ahimsa [no violencia].
El autosacrificio de un único hombre es millones de veces más poderoso que el sacrificio de un millón de hombres que mueren matando a otros.
Desconfío de quienes proclaman su fe a los otros, en especial cuando pretenden convertirlos. La fe no existe para ser predicada, sino para ser vivida. Es entonces cuando se propaga por sí misma.
LAS ESCRITURAS
Las escrituras jamás pueden trascender la razón y la verdad. Existen precisamente para purificar la razón y para iluminar la verdad... Tratándose de seres humanos, el sentido de la palabra va adquiriendo transformaciones progresivas. Por ejemplo, la palabra más rica, Dios, no posee el mismo significado para todos los hombres. Todo depende de la experiencia de cada cual.
La identificación con todo lo que vive es imposible sin la autopurificación, y sin autopurificación la observancia de la ley de la no violencia es un sueño sin contenido. Dios no será jamás percibido por quien no tenga el corazón puro. Por lo tanto, la autopurificación se traducirá en purificación de todos los rumbos de la vida. Dado que la purificación es altamente contagiosa, la purificación de uno mismo conduce necesariamente a la purificación de lo que nos rodea.
La prueba de que uno experimenta dentro de sí mismo la presencia real de Dios no procede de una evidencia extraña a nosotros, sino de una transformación de nuestra conducta y de nuestro carácter. El testimonio nos lo brinda la experiencia ininterrumpida de sabios y de profetas, pertenecientes a todos los países. Quien rechace este dato tan certero estaría renegando de sí mismo.
SOY UN POBRE LUCHADOR
La máxima honra que podrían hacerme mis amigos es tratar de realizar en sus vidas el ideal por el que vivo. O si no, oponerme la mayor resistencia posible, si acaso no tuvieran fe en mi ideal.
Soy apenas un pobre luchador, cuya alma aspira al bien perfecto, a la verdad completa, y a la no violencia sin defectos, no apenas en mis actos y palabras, sino también en mis pensamientos. Hasta aquí no he alcanzado este ideal, cuyo fundamento me resulta inconmovible. La ascensión es penosa, pero me agrada enfrentar las dificultades del trayecto, ya que cada paso me hace más fuerte y más apto para dar el siguiente.
Tengo buenas razones para afirmar que un niño podría llegar a hacer lo mismo que yo. Los instrumentos que permiten acercarse a la verdad tienen un manejo muy sencillo, aunque a algunos pueden parecerles complicados. Puede ser que una persona arrogante nunca consiga aprenderlo, mientras que para un niño inocente será como un juego. Para merecer la verdad, hay que ser más humilde que el polvo.
He dejado que algunos amigos digan que la verdad y la no violencia estaban fuera de lugar en la política y las demás cuestiones temporales. Esa no es mi opinión. No empleo tales medios para asegurar mi salvación personal. Intento servirme de ellos en todas las instancias de mi vida cotidiana.
Hagamos de la verdad y de la no violencia un asunto de práctica grupal, comunal, e in clusive nacional, en vez de una simple práctica individual. Tal es mi sueño. Viviré y moriré para verlo realizado. Diariamente, mi fe me ayuda a descubrir nuevas verdades.
AMOR POR TODO
No suspiro por el martirio, pero si eso me sucediera, en el sendero que considero mi deber en defensa de la verdad que profeso, entonces lo habré merecido.
Ver cara a cara al universal y omnipenetrante espíritu de la verdad supone ser capaz de amar hasta a la criatura más insignificante como si se tratara de uno mismo. El hombre que a eso aspire no tiene que mantenerse alejado de ningún campo de la vida. Tal es el motivo de que mi devoción a la verdad me haya impulsado al campo político. Puedo asegurar sin la mínima vacilación -aunque con toda humildad- que quienes afirman que la religión no tiene nada que ver con la política no conocen el significado de la religión.
Después de mi desaparición, no habrá ninguna persona capaz de representarme por completo.
Pero con seguridad, una parte de mí mismo seguirá viviendo en cada uno de ustedes. En gran parte, el vacío se llenará si cada uno se diluye al frente de la causa a la cual, siguiéndome a mí, quiere servir.
La lucha satyagraha es para los fuertes de espíritu, no para los dubitativos o los tímidos. Satyagraha nos enseña el arte del vivir, así como del morir. Entre los mortales, el nacimiento y el fallecimiento son inevitables. Lo que diferencia al hombre del bruto es su puja consciente para realizar en sí mismo al espíritu.
CREO EN EL CAMINAR A SOLAS
Aun en la más negra desolación, cuando ya no parece haber auxilio y consuelo en este vasto mundo, Su nombre me llena de fuerza y disuelve todas las dudas y toda nuestra desesperación.
Crezco diariamente en el conocimiento satyagraha. No poseo libros de texto para consultarlos en caso de necesidad, ni siquiera el Baghavad Gita al que considero mi diccionario... Creo en el caminar a solas. Solo vine al mundo. Caminé solo por el valle de la sombra de la muerte y partiré solo cuando llegue la hora... El amor jamás reclama, siempre es ofrenda. El amor sufre siempre, jamás se resiente, nunca promueve la venganza.
- Gandhi -
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