A los 21 años, cuando estudiaba medicina en Nueva Delhi, tuve que elegir entre dos tipos de
amigos. Los del tipo materialista se levantaban al mediodía y asistían a fiestas en las que se bebía
Coca-Cola y se bailaba al compás de los discos de los Beatles. Habían descubierto los cigarrillos y
las mujeres, así como la manera de beber alcohol de contrabando.
Los del tipo espiritual se levantaban al amanecer para ir al templo (aproximadamente a la hora en
que los materialistas regresaban tambaleándose a sus casas y sufriendo la resaca), comían arroz en
un plato y bebían agua o té, normalmente en el mismo tazón.
En ese momento no me parecía extraño que todos los materialistas fuéramos hindúes y que todos
los del tipo espiritual fueran occidentales. Los hindúes ansiábamos salir de casa e ir a algún lugar
en el que hubiera Coca-Cola, buen tabaco y whisky a bajo precio y en abundancia. Los occidentales
no dejaban de preguntar dónde se hallaban los santos de India, aquellos que podían levitar y curar
leprosos con sólo tocarlos. Yo me uní a los materialistas, de los que había muchos en mi clase.
Ninguno de los nacidos en India se consideraba un buscador espiritual.
Hoy no elegiría entre dos tipos de personas; todos somos buscadores. Buscar significa ir en pos de
algo. La búsqueda de mis condiscípulos hindúes era la más fácil, pues obtener dinero y objetos
finos es fácil; por el contrario, los occidentales de tipo espiritual casi nunca encontraban al santo
que buscaban. Yo pensaba que esto se debía a lo escasos que son los santos, pero ahora me doy
cuenta de que lo que derrotaba su sed de una vida superior era la búsqueda en sí. Las tácticas que
obtienen whisky y discos de los Beatles fracasan miserablemente cuando se va en pos de la
santidad.
Aquí el secreto espiritual es éste: tú eres lo que estás buscando. Tu conciencia proviene de la
unidad. En lugar de buscar fuera de ti mismo, encuentra la fuente de la unidad y comprende lo que
eres.
“Búsqueda” es una palabra que se utiliza frecuentemente en relación con la espiritualidad, y
muchos se enorgullecen de llamarse buscadores. Con frecuencia son los mismos que alguna vez
persiguieron vehementemente dinero, sexo, alcohol o trabajo, y ahora esperan encontrar con la
misma intensidad adictiva a Dios, el alma o el ser superior. El problema es que la búsqueda parte
de una premisa errónea. No me refiero a la creencia de que el materialismo es corrupto y la
espiritualidad pura. Es cierto que el materialismo puede volverse una obsesión, pero lo importante
es que la búsqueda está condenada al fracaso porque te conduce fuera de ti. Da lo mismo que el
objetivo sea Dios o el dinero. Una búsqueda productiva exige desechar la idea de ganar un trofeo.
Esto significa actuar sin la esperanza de alcanzar un yo ideal, de llegar a un lugar mejor del que
saliste. Partes de ti y en ti están todas las respuestas. Debes desechar la idea de ir desde A hasta B.
No hay distancia que recorrer: la meta no está en otro sitio. También debes desechar conceptos
establecidos como alto y bajo, bien y mal, sagrado y profano. La realidad única incluye todo en su
maraña de experiencias, y lo que buscamos es a quien experimenta, a quien está presente
independientemente de cuál sea la experiencia.
Pensando en las personas que se esfuerzan por erigirse en modelos de virtud, alguien acuñó la
acertada expresión “materialismo espiritual”, que alude al traslado de los valores que operan en el
mundo material al mundo espiritual.
Materialismo espiritual
Errores del buscador
.. Definir una meta.
.. Luchar por alcanzarla.
.. Seguir el camino de otro.
.. Esforzarse por mejorar su persona.
.. Establecer límites temporales.
.. Esperar milagros.
La mejor manera de ser un buscador auténtico es evitar estos escollos
No definas una meta. El crecimiento espiritual es espontáneo, Los acontecimientos significativos
se presentan de improviso, igual que los nimios . Una sola palabra puede abrir tu corazón; una sola
mirada puede decirte quién eres en realidad. La conciencia no se alcanza mediante un plan; más
bien es como armar un rompecabezas sin conocer la imagen que forma. Los budistas tienen un
dicho: “Si en el camino encuentras a Buda, mátalo”. Esto significa que si estás representando un
guión espiritual escrito con anterioridad, más vale que lo entierres. Lo único que puedes concebir
son imágenes, y las imágenes no son la meta.
No te esfuerces por alcanzar la meta. Si hubiera una recompensa espiritual al final del camino —
una olla llena de oro, las llaves del cielo— todos lucharíamos por obtenerla. Valdría la pena
cualquier empeño. Pero, ¿sirve de algo que un niño de dos años se esfuerce por cumplir tres?
No, porque el desarrollo surge del interior. No hay una remuneración económica sino una nueva
persona. Lo mismo ocurre con el desarrollo espiritual: es tan natural como el crecimiento del niño,
pero no en el plano fisiológico sino en el de la conciencia.
No sigas el camino de otro. Hubo un tiempo en que creí que para alcanzar la iluminación debía
meditar durante el resto de mi vida utilizando cierto manirá. Estaba siguiendo un mapa trazado
miles de años atrás por los sabios de la mayor tradición espiritual hindú. Pero hay que tener
cuidado: seguir el mapa de otro puede habituarte a los pensamientos rígidos, los cuales, aun cuando
se refieren al espíritu, no favorecen la libertad. Recoge enseñanzas de todas partes. Sé fiel a las que
te ayudan a progresar y mantente abierto a los cambios.
No intentes mejorar tu persona. El progreso personal nos ayuda a superar situaciones
negativas como depresión, soledad e inseguridad. Sin embargo, si buscas a Dios o la
iluminación porque quieres liberarte de la depresión y la ansiedad, deseas más autoestima o
menos soledad, tu búsqueda tal vez no tenga fin. En esta área del conocimiento no hay
nada escrito. Algunas personas sienten un gran progreso conforme su conciencia se
expande, pero hace falta un fuerte sentido del yo para confrontar los muchos obstáculos y
retos del camino. Si te sientes débil o frágil, puedes sentirte aún más débil y frágil al
confrontar las energías de las sombras en tu interior. La conciencia expandida tiene un
costo —debes renunciar a tus limitaciones— y para quien se siente víctima, esa limitación
es tan obstinada que el progreso espiritual es muy lento.
Mientras haya un conflicto en tu interior habrá un gran obstáculo en tu camino. Lo más
conveniente es buscar ayuda en el nivel donde está el problema.
No establezcas límites temporales. He conocido a innumerables personas que renuncian a
la espiritualidad porque no alcanzan sus metas con la suficiente rapidez. “Le dediqué diez
años. ¿Qué puedo hacer? La vida es corta. A otra cosa.” Lo más seguro es que estos
guerreros de fin de semana hayan dedicado sólo un año o un mes a recorrer el camino, y
que la ausencia de resultados los haya desanimado. La mejor manera de evitar decepciones
es no establecer límites temporales, aunque a muchas personas esto les resta motivación.
Pero la motivación no los iba a llevar a su meta. Por supuesto, se requiere disciplina para
meditar regularmente, asistir a clases de yoga, leer textos inspiradores y mantener presente
nuestra visión. Para adquirir el hábito de la espiritualidad hace falta dedicación. Pero si
nuestra visión no se despliega cada día, inevitablemente nos distraeremos. En vez de
establecer límites temporales, procúrate apoyo para el crecimiento espiritual mediante
maestros personales, grupos de diálogo, compañeros que compartan el sendero contigo,
retiros regulares, un diario. Serás menos susceptible a las decepciones.
No esperes milagros. No importa cómo definas milagro: la aparición repentina del amor perfecto,
la cura de una enfermedad mortal, ser ungido por un gran líder espiritual, el éxtasis perpetuo. Quien
espera un milagro deja a Dios todo el trabajo: distingue entre nuestro mundo y el mundo
sobrenatural, y espera que algún día éste repare en él.
Como sólo hay una realidad, tu tarea es ir más allá de las fronteras de la división y la separación.
La expectativa de milagros perpetúa las fronteras y te mantiene lejos de Dios, conectado a Él sólo
por ilusiones.
Si salvas los escollos del materialismo espiritual te sentirás menos tentado a perseguir metas
imposibles. Esta clase de persecución comenzó cuando las personas se convencieron de que Dios
reprueba lo que hacemos y espera de nosotros un comportamiento ideal. Resulta difícil imaginar un
Dios, por amoroso que sea, que no se sienta decepcionado, enojado, deseoso de vengarse o
indignado cuando no estamos a la altura de ese ideal. Las personalidades espirituales más
importantes de la historia no sólo fueron cabalmente buenos, también cabalmente humanos.
Aceptaban, perdonaban y evitaban juzgar. Creo que la forma más elevada del perdón se alcanza al
aceptar que la creación está entretejida de manera inextricable y que toda cualidad imaginable tiene
la oportunidad de manifestarse. Necesitamos aceptar de una vez por todas que sólo hay una vida y
que cada quien es libre de moldearla mediante sus elecciones. La búsqueda no puede llevarnos de
un lugar a otro porque todo está entrelazado. Lo único que siempre será puro y prístino es tu
conciencia, una vez que la hayas desbrozado.
Es mucho mas fácil perpetuar la lucha entre el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, nosotros y
ellos. Pero cuando la conciencia se expande, la pugna de los opuestos se aplaca y surge algo nuevo:
un mundo en el que nos sentimos cómodos. El ego te perjudicó al arrojarte a un mundo de
contrarios. Éstos siempre están en conflicto —sólo eso saben hacer—, ¿y quién puede sentirse
cómodo en medio de un combate? La conciencia ofrece una alternativa más allá de las contiendas.
Anoche mientras dormía tuve un sueño. Las imágenes eran las usuales de un sueño; no las recuerdo
bien. De repente percibí la respiración de alguien. Al cabo de un segundo me di cuenta de que era
mi esposa, quien se había movido mientras dormía. Yo sabía que se trataba de ella, y también que
yo estaba soñando. Por un instante estuve en ambos mundos, y finalmente desperté.
Sentado en la cama, tuve la extraña sensación de que la irrealidad de los sueños carecía de sentido.
La vigilia es más real que ellos sólo porque así lo hemos decidido. De hecho, el sonido de la
respiración de mi esposa está en mi cabeza, esté soñando o despierto. ¿Cómo puedo distinguir un
estado de otro? Alguien más debe estar viendo: un observador que no está despierto, dormido ni
soñando. La mayor parte del tiempo estoy tan inmerso en esos estados que no tengo otra
perspectiva. El observador silencioso es la versión más simple de mí, la que simplemente es.
Si eliminas todas las distracciones de la vida, lo que queda eres tú. Esta versión de ti no tiene que
pensar ni soñar; no necesita dormir para sentirse descansado. Es muy gratificante encontrarla
porque vive en un estado de paz, por encima del bullicio y ajena a la batalla de los contrarios.
Cuando buscamos estamos respondiendo al llamado silente y sereno de este nivel de nosotros
mismos. Buscar es en realidad una manera de recuperarnos.
Pero para recuperarnos es necesario acercarnos lo más posible a cero. La realidad es, en esencia,
existencia pura.
Reúnete contigo ahí y podrás crear lo que quieras. El “yo soy” contiene todo lo necesario para
hacer un mundo, aunque en sí no es más que un testigo silencioso.
Ya has realizado el ejercicio de mirar una rosa y reducirla desde el estado físico hasta el de energía
vibrando en el vacío. La segunda parte del ejercicio consistió en comprobar que tu cerebro puede
descomponerse del mismo modo. Entonces, cuando vemos una rosa, ¿es la nada contemplando a la
nada?
Así parece, pero el fenómeno real es más sorprendente: estás mirándote a ti mismo. Una
parte de tu conciencia, la que llamas “yo”, está mirándose en la forma de una rosa. Ni el
objeto ni el observador tienen un núcleo físico. No hay una persona dentro de tu cabeza;
sólo un remolino de agua, sal, azúcar y algunas otras sustancias químicas como potasio y
sodio. Este remolino —el cerebro— está siempre fluyendo, por lo que cada experiencia
viaja por corrientes y remolinos tan rápidos como un río de montaña. Entonces, si el
observador silencioso no está en el cerebro, ¿dónde está? Los neurólogos han identificado
pautas y ubicaciones para todos los estados de ánimo posibles; sin importar cuál esté
experimentando la persona —depresión, euforia, creatividad, alucinación, amnesia,
parálisis, deseo sexual o cualquier otro—, el cerebro presenta una pauta característica de
actividad distribuida en varios sitios. Sin embargo, no hay ubicación ni pauta para quien
tiene esas experiencias: podría no estar en ningún lugar, al menos en ninguno que la
ciencia pueda identificar.
No podemos sino sentirnos enormemente emocionados.
Que el tú real no esté en tu cabeza significa que estás en libertad, igual que la conciencia. Esta
libertad es ilimitada: puedes crear lo que sea porque estás en cada átomo de la creación. Sea cual
sea el deseo de tu conciencia, la materia obedecerá. En efecto, tú estás primero y el mundo después.
Puedo escuchar los gritos airados de quienes afirman que los creyentes de hoy se sienten más
poderosos que Dios, quienes en vez de acatar sus leyes definen el mundo a su antojo.
Esta crítica tiene algo de verdad, pero debe contextualizarse.
Piensa en un bebé que ha gateado durante varios meses y descubre de repente un nuevo modo de
desplazarse llamado caminar. Todos hemos visto a un niño que descubre sus piernas: su rostro
refleja una combinación de inestabilidad y determinación, inseguridad y alegría. “¿Podré hacerlo?
¿Será mejor seguir gateando como hasta ahora?” Lo que vemos en la cara del niño son los mismos
sentimientos encontrados de quien se encuentra en una encrucijada espiritual. En ambos casos, todo
resulta desconocido. El cerebro motiva al cuerpo, el cuerpo transmite información inesperada al
cerebro, acciones inéditas empiezan a surgir de la nada, y aunque toda la situación resulta
amenazante, la excitación nos impulsa: “No sé a dónde voy, pero debo llegar”.
Todas las experiencias ocurren en el caldero burbujeante de la creación. Cada momento de la vida
lanza al cuerpo a una mezcla inestable de mente, emociones, percepciones, conductas y sucesos
externos. Tu atención es atraída en todas direcciones. En un momento de despertar espiritual, el
cerebro está tan confundido, feliz, inseguro, intranquilo y sorprendido como el bebé que descubre
sus piernas. Pero en el nivel del testigo esta confusa mezcla resulta totalmente diáfana: todo es
uno. Piensa de nuevo en el bebé. Cuando avanza vacilante, el mundo se tambalea con él. No hay
lugar firme donde plantarse ni oportunidad de decir: “Tengo el control. Esto saldrá tal como lo
planeo”. El bebé no tiene más remedio que sumergirse en un mundo pictórico de nuevas
dimensiones.
¿Es posible vivir de esta manera, sumergiéndonos en nuevas dimensiones a cada momento? No; es
necesario encontrar la estabilidad. Desde la infancia la hemos hallado en el ego, imaginando un
“yo” invariable que tiene el control o al menos intenta poseerlo. Pero hay algo mucho más estable:
el testigo.
Encuentra al testigo silencioso
Cómo buscar en tu interior
1. Sigue el flujo de la conciencia.
2. No resistas a lo que ocurre dentro.
3. Ábrete a lo desconocido.
4. No censures ni niegues lo que sientes.
5. Ve más allá de ti mismo.
6. Sé auténtico, expresa tu verdad.
7. Haz del centro tu hogar.
Sigue el flujo. La frase “sigue tu sueño” se ha convertido en una máxima para muchas personas. El
principio que la sustenta es que la mejor guía para el futuro es aquello que produce mayor alegría a
una persona. Una guía aún más confiable es seguir tu conciencia conforme se desarrolla. En
ocasiones, ésta no se identifica con la alegría o con nuestro sueño. Tal vez descubras una necesidad
oculta de sentir pesar o una sensación persistente de malestar o descontento con las limitaciones de
tu vida actual. Pero la mayoría de las personas no siguen estas señales; buscan mentes externas de
felicidad y piensan que su sueño está en ellas. En cambio, si sigues tu conciencia descubrirás que
abre un sendero a través del tiempo y el espacio. La conciencia no puede desarrollarse sin
desarrollar también los sucesos externos que la reflejan. Así se vinculan deseo y propósito: si
sigues tu deseo, el propósito se revela. Hay un flujo que vincula los sucesos desconectados, y tú
eres ese flujo. Cuando eras niño, el flujo te llevó de una etapa de desarrollo a la siguiente; ahora
puede hacer lo mismo. Nadie puede predecir tu siguiente etapa, ni siquiera tú.
Pero si estás dispuesto a seguir el flujo, el camino te acercará al testigo silencioso, quien reside en
la fuente de todos tus deseos.
No resistas a lo que ocurre. Es imposible ser nuevo y viejo al mismo tiempo, pero todos queremos
ser los mismos a la vez que realizamos cambios. Ésta es la fórmula perfecta para atascarse. Con el
fin de buscar tu verdadero yo debes abandonar imágenes antiguas de ti mismo. Es irrelevante si te
agrada quién eres o no. Una persona con autoestima elevada y logros sobresalientes está atrapada
por igual en la guerra de contrarios. De hecho, estos individuos suelen pensar que están ganando
esa guerra para el lado “bueno”. La parte de ti que se ha liberado de todas las batallas es el testigo.
Si quieres encontrarlo, más vale que te prepares: los viejos hábitos centrados en ganar y perder, ser
aceptado o rechazado, sentirse en control o disperso, empezarán a cambiar. No te resistas a este
cambio; te estás despojando de los adornos del ego y adquiriendo un nuevo sentido del yo.
Ábrete a lo desconocido. Este libro, dedicado al misterio de la vida, vuelve continuamente a lo
desconocido. Lo que crees que eres no es real sino una mezcla de sucesos pasados, deseos y
recuerdos. Esta mezcolanza tiene vida propia: avanza por el tiempo y el espacio experimentando
sólo lo que ya conoce. Una experiencia nueva no es nueva en realidad; es un leve giro de
sensaciones bien conocidas. Abrirte a lo desconocido significa arrancar de raíz tus reacciones
acostumbradas y hábitos. Observa cuan frecuentemente las mismas palabras salen de tu boca, las
mismas preferencias y aversiones dictan lo que haces con tu tiempo, las mismas personas hacen de
tu vida una rutina. Toda esta familiaridad es como una concha. Lo desconocido está fuera de ella, y
para encontrarlo debes estar dispuesto a recibirlo.
No censures ni niegues lo que sientes. En la superficie, la vida cotidiana es mucho más cómoda que
nunca. No obstante, las personas aún llevan vidas de silenciosa desesperación. La fuente de ésta es
la represión, la sensación de que no podemos ser lo que queremos ser, sentir lo que queremos
sentir, hacer lo que queremos hacer. Un creador no debe estar limitado de esta manera. Ninguna
autoridad ejerce esta represión sobre ti; es totalmente autoimpuesta. Cada parte de ti que no puedes
enfrentar levanta una barrera entre tú y la realidad. Y sin embargo, las emociones son totalmente
privadas. Sólo tú sabes cómo te sientes, y cuando dejas de censurar tus emociones, el efecto supera
por mucho la simple sensación de bienestar. El objetivo no es experimentar sólo emociones
positivas. La libertad no se alcanza sintiéndose bien; se alcanza siendo fiel a uno mismo. Todos
tenemos deudas emocionales con el pasado, en la forma de sentimientos que no pudimos expresar.
El pasado no quedará atrás mientras estas deudas no estén saldadas. No debes volver con la persona
que te hizo enojar o asustó, con la intención de modificar el pasado. Para esa persona, el impacto
no será el mismo que para ti. El propósito de cancelar las deudas emocionales es encontrar tu lugar
en el presente.
El ego tiene un repertorio de racionalizaciones para coartar tu libertad emocional:
.. No soy el tipo de persona que tiene esos sentimientos.
.. Debería superarlo.
.. A nadie le interesa saber de estos sentimientos.
.. No tengo derecho a sentir dolor; no es justo para los demás.
.. Sólo abriré viejas heridas.
.. Lo pasado, pasado.
Si te sorprendes diciendo cosas así para evitar enfrentar sentimientos dolorosos, puede que logres
mantenerlos reprimidos. Pero cada sentimiento oculto y bloqueado es como un pedazo de
conciencia congelada. Mientras no se derrita, seguirás diciendo “Yo soy este dolor” aunque te
rehúses a verlo: te tiene en sus garras. Éste es otro obstáculo que debe disolverse entre tú y el
testigo silencioso. Debes dedicar tiempo y atención, sentarte con tus sentimientos y permitirles
decir lo que deben decir.
Ve más allá de ti mismo. Sí habitas un yo estable y fijo puedes creer que has logrado algo positivo.
Las personas suelen decir: “Ahora me conozco a mí mismo”. Lo que en realidad conocen es una
imitación de un yo real, una colección totalmente histórica de hábitos, etiquetas y preferencias.
Debes ir más allá de esta identidad creada por ti mismo, para hallar la fuente de energía nueva. El
testigo silencioso no es un segundo yo. No es un como traje nuevo que cuelgues en el clóset y te
pongas para remplazar el traje raído que has desgastado.
El testigo es una sensación del yo que está más allá de las fronteras. Hay un poema impresionante
del gran poeta bengalí Rabindranath Tagore en el que imagina cómo será morir. Él tiene una
profunda intuición de que será como una piedra derritiéndose en su corazón:
La piedra se derretirá en lágrimas
porque no puedo permanecer cerrado a ti por siempre
no puedo escapar sin ser conquistado.
Desde el cielo azul un ojo mirará hacia abajo
para convocarme en silencio.
A tus pies recibiré la muerte completa.
Para mí, es la descripción perfecta de ir más allá de uno mismo. Pese a haber vivido con una parte
dura en el corazón, no puedes evitar tu yo real. Es el ojo silencioso que mira hacia abajo. (En vez
de decir “recibiré la muerte”, el poeta pudo decir “recibiré la libertad” o “recibiré la alegría”) ir más
allá de uno mismo significa tomar conciencia, con determinación auténtica, de que tu identidad fija
es falsa. Entonces, cuando el ego te exija ver el mundo desde la perspectiva de “qué hay en él para
mí”, podrás liberarte respondiendo: “ese yo no está a cargo ya”.
Sé auténtico. ¿Por qué se dice que la verdad nos hará libres? Las personas son excluidas y
castigadas todo el tiempo por decir la verdad. Las mentiras triunfan frecuentemente.
Un acuerdo cortés para dejar las cosas como están y no hacer olas ha proporcionado dinero y poder
a muchas personas.
Pero “la verdad os hará libres” no se pensó como consejo práctico. Detrás de las palabras hay una
intención espiritual que dice, en esencia: “Tú no puedes liberarte, pero la verdad sí” En otras
palabras, la verdad tiene el poder de hacer a un lado lo falso, y con ello, puede liberarnos. El
propósito del ego es mantenerse en marcha. Sin embargo, en los momentos cruciales, la verdad nos
habla; nos dice cómo son las cosas en realidad, no todo el tiempo ni para todas las personas, sino en
este momento y sólo para nosotros. Debes honrar este impulso si quieres ser libre. Cuando pienso
en cómo es un destello de verdad, se me ocurren algunos ejemplos:
.. Saber que no puedes ser lo que otro quiere que seas, sin importar cuánto lo ames.
.. Saber que amas aun cuando da miedo decirlo.
.. Saber que la lucha de otra persona no es tu lucha.
.. Saber que eres mejor de lo que pareces ser.
.. Saber que sobrevivirás.
.. Saber que tienes que seguir tu propio camino.
Cada oración comienza con la palabra saber porque el testigo silencioso es ese nivel en que te
conoces, sin importar lo que otros crean que saben. Decir tu verdad no es lo mismo que vociferar
todas las cosas desagradables que no has dicho por miedo o cortesía. Estos arrebatos tienen siempre
presión y tensión detrás de ellos, están fundados en la frustración, cargan ira y dolor. El tipo de
verdad que proviene de aquel que sabe es serena; no se refiere al comportamiento de alguien más;
nos da claridad sobre quiénes somos. Valora estos destellos. No puedes hacer que aparezcan pero
puedes fomentarlos siendo auténtico y no permitiéndote ser un personaje creado sólo para sentirte
seguro y aceptado.
Haz del centro tu hogar. Estar centrado se considera deseable. Cuando las personas se sienten
distraídas o dispersas, suelen decir: “Perdí mi centro”. Pero si no hay una persona dentro de tu
cabeza, si el sentido que el ego tiene del yo es ilusorio, ¿dónde está el centro?
Paradójicamente, el centro está en todas partes. Es el espacio abierto que no tiene fronteras. En vez
de pensar en tu centro como un lugar definido (del modo en que las personas señalan su corazón
como el asiento del alma) permanece en el centro de la experiencia. La experiencia no es un lugar;
es un foco de atención. Puedes vivir ahí, en el punto fijo alrededor del cual todo gira. Estar
descentrado es perder concentración, apartar la mirada de la experiencia o bloquearla. Estar
centrado es como decir: “Quiero encontrar mi hogar en la creación”. Te relajas y adoptas el ritmo
de tu propia vida, lo cual prepara el escenario para encontrarte a ti mismo en el nivel más profundo.
No puedes llamar al testigo silencioso pero puedes acercarte a él rehusándote a perderte en tu
propia creación. Cuando me descubro eclipsado por algo, recurro a unos sencillos pasos:
.. Me digo: “Aunque esta situación me perturba, yo soy más que cualquier situación”.
.. Respiro profundamente y centro mi atención en lo que mi cuerpo está sintiendo.
.. Me veo como lo haría otra persona (de preferencia la persona a la que me estoy resistiendo
o frente a la que estoy reaccionando).
.. Tomo conciencia de que mis emociones no son guías confiables hacia lo permanente y lo
real. Son reacciones momentáneas, y lo más probable es que hayan nacido del hábito.
.. Si estoy al borde de un arranque de reacciones incontrolables, me alejo.
Como ves, no intento sentirme mejor, ser más positivo, acercarme desde el amor o cambiar mi
estado. Todos estamos enmarcados por personalidades e impulsados por egos.
Las personalidades del ego están entrenadas por el hábito y el pasado; avanzan como motores
autopropulsados. Si puedes observar el mecanismo en marcha sin quedar atrapado en él,
descubrirás que posees una segunda perspectiva siempre serena, alerta, objetiva, sintonizada pero
no eclipsada. Ese segundo lugar es tu centro. No es un lugar sino un encuentro cercano con el
testigo silencioso.
CAMBIA TU REALIDAD PARA ALBERGAR
EL CUARTO SECRETO
Este cuarto secreto se refiere a encontrar tu auténtico yo. Las palabras pueden decir mucho sobre el
yo real, pero es necesario un encuentro auténtico para comprender qué es. Tu yo real tiene
cualidades que ya estás experimentando todos los días: inteligencia, atención, sincronización,
conocimiento.
Siempre que una de estas cualidades entra en juego, estás viviendo más cerca de tu yo real. Por otra
parte, cuando te sientes distraído, perdido, confundido, temeroso, disperso o atrapado dentro de los
límites del ego, no lo estás.
La experiencia oscila entre estos dos polos; por tanto, una manera de encontrar tu yo real es alejarte
del polo opuesto cuando notes que estás ahí. Intenta descubrirte en esos momentos y aléjate de ahí.
Elige una experiencia negativa e intensa como las siguientes (si es posible, elige una recurrente):
.. Enojarte mientras conduces.
.. Discutir con tu cónyuge.
.. Molestarte con la autoridad en el trabajo.
.. Perder el control con tus hijos.
.. Sentirte burlado en un acuerdo o transacción.
.. Sentirte traicionado por un amigo cercano.
Distánciate de la situación y revive lo que sentiste entonces. Puedes cerrar los ojos y visualizar el
auto que se te atraviesa en el tránsito o al plomero que te pasa una cuenta desproporcionada. Haz lo
necesario para que la situación sea vivida en tu mente.
Cuando sientas esa punzada de ira, dolor, recelo, desconfianza o traición, piensa: “Eso es lo que
siente mi ego. Entiendo por qué. Estoy muy acostumbrado a ello. Le seguiré la corriente mientras
dure”. Ahora deja que el sentimiento corra. Enójate todo lo que tu ego quiera; visualiza fantasías de
venganza o autocompasión, o lo que tu ego considere apropiado. Imagina que te hinchas con tu
sentimiento; éste se extiende desde ti como la onda de choque de una explosión en cámara lenta.
Sigue esta onda tan lejos como quiera ir; mírala cómo se adelgaza más y más conforme se extiende
al infinito, llenando el universo entero si así lo desea. Respira profundamente si lo necesitas, con el
Fin de que la onda del sentimiento salga de ti y vaya hacia fuera. No establezcas un tiempo
determinado. El sentimiento puede ser tan fuerte que requiera algún tiempo antes de querer
expandirse.
Ahora, conforme ves la onda desaparecer hacia el infinito, mírate y verifica si está presente alguno
de los siguientes pensamientos:
.. Una risita, el deseo de reírte de ello.
.. Un encogimiento de hombros, como si no importara.
.. Una sensación de calma o paz.
.. Verte como si estuvieras viendo a otra persona.
.. Un profundo suspiro de alivio o agotamiento.
.. Un sentimiento de liberar o dejar ir.
.. Una comprensión súbita de que la otra persona puede tener razón.
Estos sentimientos reveladores surgen en nosotros cuando estamos cruzando la frontera invisible
entre el ego y el yo real. Si sigues cualquier emoción lo suficiente, ésta terminará en silencio. Pero
es demasiado pedir llegar tan lejos siempre. El objetivo es llegar por lo menos a la frontera, la línea
donde las necesidades del ego empiezan a perder su control sobre nosotros.
.. Cuando ríes, pierdes la necesidad de tomarte tan en serio.
.. Cuando encoges los hombros, pierdes la necesidad de inflar las cosas
desproporcionadamente.
.. Cuando te sientes calmado, pierdes la necesidad de sentirte perturbado o montar un drama.
.. Cuando puedes verte como si fueras otra persona, pierdes la necesidad de ser el único que
cuenta.
.. Cuando sientes alivio o agotamiento, pierdes la necesidad de aferrarte al estrés. (Esto
también indica una reconexión con tu cuerpo en vez de vivir en tu cabeza.)
.. Cuando comprendes súbitamente que la otra persona puede tener razón, pierdes la
necesidad de juzgar.
Hay otras señales reveladoras de que estás dejando el ego atrás. Si caes en el patrón de sentirte
fácilmente ofendido, superior o inferior, querer lo que viene a ti y envidiar lo que otros obtienen, o
imaginar que las personas hablan a tus espaldas, puedes manejar cada uno de estos sentimientos tal
como lo hiciste en los ejemplos previos. Alivia el sentimiento, permite a tu ego llevarlo tan lejos
como quiera, y mira cómo se expande hasta disolverse en la orilla del infinito.
Este ejercicio no disipa todos los sentimientos negativos.
Su propósito es proporcionarte un encuentro cercano con tu yo real. Si lo practicas con esa
intención, te sorprenderá cuan fácil será escapar de las emociones que te han controlado durante
años.
- Deepak Chopra -
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