Por la mañana, al despertar, lea el tema del día y
déjese impregnar por su contenido. Relájese, mantenga
su mente en reposo, y reciba las fuerzas positivas
que el tema le irradiará. Viva la experiencia benéfica
del mensaje. Repita la lectura del tema varias veces,
a lo largo del día, y permita que la acción del
Espíritu Santo realice los resultados deseados. No
ponga obstáculos de duda, de descreimiento, de
desánimo, de pesimismo y de miedo.
Crea en el milagro de su redención. Camine firme en
esa dirección.
A la noche, al acostarse, continúe esa caminata
benéfica y duérmase con la mente iluminada, radiante,
vibrante, renacida.
Sólo pase a la lección siguiente al otro día, por
la mañana.
1er. Día
Yo soy mi cuerpo
Estoy entrando con mucha alegría y paz, en esta tercera
etapa de mi desierto místico.
En esta fase de diez días limpiaré mi cuerpo de toda
enfermedad porque la enfermedad me impide expresarme
en el universo como verdadero hijo de Dios.
Yo soy mi cuerpo.
Si mi cuerpo está enfermo, yo también estoy enfermo;
o, porque yo estoy enfermo, mi cuerpo está enfermo.
Dios me imaginó y me creó perfecto, porque en Dios no
existe falta de armonía ni imperfección.
Por lo tanto, esta imagen mía actual enferma es la
imagen que yo creé y no la que Dios creó. En otras
palabras, es una imagen falsa, irreal, inverosímil,
no pertenece a mi verdadera identidad.
Quiero liberarme hoy mismo de esta máscara.
Quiero oír la palabra de Jesús, que me dice:
"Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto".
El Padre, que me creó, es perfecto. El Padre, que está
dentro de mí, en las profundidades de mi subconsciente,
es perfecto.
Si mi mente consciente, mi Yo, está creando enfermedades
por medio de pensamientos, emociones, hábitos, creencias
y sentimientos negativos, es importante que yo vuelva a
ser perfecto, sumergiéndome en la Presencia Infinita, en
la imagen verdadera y perfecta del Padre, que está en mi
interior.
Sé que sólo una mente sana produce un cuerpo sano,
porque el cuerpo es la respuesta de la mente, por eso
ahora veo cómo fue bueno y saludable haber limpiado mi
mente y mi corazón en las etapas anteriores.
Ahora hago una alianza de amor y de armonía con mi
cuerpo.
Retiro esa máscara que ocultaba mi verdadera imagen
y me veo perfecto, sano, fuerte y lleno de vida, como
Dios me creó.
Soy perfecto, como Dios me creó.
Mi cuerpo es perfecto, como Dios lo creó.
La Luz Infinita creadora ilumina y energetiza todo mi
cuerpo.
Saludo, aquí, con alegría, mi verdadera Realidad.
Nuevas energías recorren todo mi ser porque la Fuerza
Divina ya se está manifestando en mí y yo me estoy
aproximado a mi verdadera imagen física, trazada por
Dios, con absoluta perfección y con el más sofisticado
arte.
Yo soy perfecto porque, en mi mente, me veo perfecto.
Mi mente creó el cuerpo, como también las modificaciones
negativas del cuerpo.
Mi mente, ahora, por la energía infinita de Dios, inmanente
en el subconsciente, está recreando mi cuerpo y colocándolo
en su legítimo modelo original.
Contemplo con alegría y entusiasmo mi cuerpo perfecto.
Sí, mi cuerpo perfecto. Perfecto.
2o. Día
Dios no me mandó la enfermedad
En este día quiero eliminar de mi mente algunos equívocos
que impiden mi curación.
El primer equívoco es mi creencia de que Dios me mandó
la enfermedad.
Dios es mi Padre.
¿Qué padre, en este mundo, sentiría placer en mandar un
cáncer o una ceguera a su hijo? Por el contrario, veo
padres gastando lo que tienen y lo que no tienen para
liberar a los hijos de cualquier problema de salud.
"Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas
a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre que está en los
Cielos no dará cosas buenas a los que las pidieren."
(Mt. 7, 7-12.)
Jesús ya enseñaba esto hace dos mil años.
El Padre celestial está en mi interior.
Mi espíritu es, en su origen, espíritu santo.
Cuando yo huí de la presencia de mi espíritu santo, huí
de la salud.
Es que yo fui el Caín de mí mismo, y no Dios.
Necesito creer que Dios no manda enfermedades ni para mí
ni para nadie.
Este es el absurdo de los absurdos.
Aun porque si fuese Dios quien me mandara la enfermedad
para expiar mis pecados, sería ir contra Dios buscar un
médico o un remedio parar curarme. Tendría que dejar que
la enfermedad continuase de acuerdo con los designios de
Dios, sin desviarla de su curso normal.
Percibí la contradicción.
Mis errores y pecados no ofenden a Dios, porque si Dios
pudiese ser ofendido, no sería Dios.
Mis errores y pecados me ofenden a mí mismo y atentan
contra la perfección que está en mí. En este caso sí,
yo podría decir que mis errores y pecados atentan contra
Dios en mí.
"Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto."
Me vuelvo ahora hacia Dios en mí mismo, hacia la Presencia
Infinita, hacia el Padre que desea dar a mi mente y a mi
cuerpo el espíritu de la perfección.
"El Espíritu es fuerte."
Mi Espíritu está volviendo, por la acción divina, mi
cuerpo fuerte, perfecto y sano.
Mi cuerpo está siendo recreado y la energía infinita está
produciendo la renovación y la revitalización de todas
las células del cuerpo.
Me concentro en esta Verdad.
Visualizo la Luz Infinita proyectándose en todo mi cuerpo,
principalmente en las partes más oscuras y enfermas.
La Luz Divina está curándome. Curándome. Curándome.
3er. Día
Dios no castiga
En este tercer día de desierto místico entro en los
caminos de mi cuerpo.
Necesito limpiar todos los canales que impiden mi
curación.
Un canal que está obstruyendo el flujo curativo es la
idea que yo tengo de que Dios me castiga, por mis
errores y pecados, a través de enfermedades.
Si yo creo que debo soportar las enfermedades como
castigo de Dios, estoy, con ello, cerrando los canales
a la curación. Todo mi ser clama por la salud, pero mi
mente proclama la enfermedad, porque la entiende como
acción divina que castiga mis males.
Pero si fuese verdad que Dios me manda enfermedades
para que yo expíe mis errores y pecados, no debería
buscar los recursos de la medicina porque, entonces,
estaría yendo contra Dios...
Por otra parte, si las enfermedades fuesen castigo de
Dios, habría una contradicción y un conflicto entre
Dios, que manda la lepra, la ceguera, la mudez, la
parálisis, y Jesús que, por el poder de Dios, curó
esas mismas enfermedades y tantas otras, según lo
relatan los evangelios.
¿Entonces, Dios me castiga?
¿Por qué? ¿Cuál es su intención?
¿Creo yo que mi pecado irrita, entristece y modifica
algo en Dios?
Si eso fuese posible, Dios no podría ser feliz, por
causa de los pecados de la humanidad. En consecuencia,
no sería Dios.
En realidad, mi pecado jamás alcanza a Dios. Hasta
sería una pretensión...
Mi pecado, mi eror, mi negativismo me alcanza a mí
mismo, por la simple razón de que toda acción produce
una reacción.
Esta es la Ley del Retorno.
Mi enfermedad no es castigo, y sí el resultado de mi
acción negativa.
Como dice el Maestro: "Todo árbol bueno produce
buenos frutos; todo árbol malo produce frutos malos".
Mi mente positiva produce frutos positivos en mí; mi
mente negativa produce resultados negativos en mí. He
aquí la causa de las enfermedades. Todo simple como el
amanecer, todo claro como la luz del sol.
En lugar de aplacar a Dios, me corresponde aplacar hoy
mi mente negativa causante de las enfermedades.
Elimino definitivamente de mí todo complejo de culpa.
Complejo y sentimiento de culpa no son nada más que
pensamientos negativos y nefastos.
Para facilitar la desobstrucción de ese canal de
curación, ahora me perdono, a mí mismo, por última vez,
por todos los errores y males del pasado.
Perdonar significa renunciar, por eso sé que, para
sentirme perdonado, debo renunciar a toda imagen de
mis errores, debo expulsar para siempre todo recuerdo
negativo y perturbador de los males pasados. Esto es
lo que viene causando tensiones y perturbaciones en
mi cuerpo.
También perdono a los otros porque, si no perdono,
estaré dejando cerrados otros canales de curación y
creando más enfermedades.
Uso la palabra perdonar como proceso de limpieza.
Es como una energía luminosa que abre todos los
canales de la salud, permitiendo que el flujo vital
recorra con intensidad todos los átomos y células de
mi cuerpo.
Ahora me siento más aliviado y mi cuerpo menos tenso.
La salud comienza a manifestarse más rápidamente.
Ya me siento más dispuesto.
Mi alegría interior está iluminando mi cuerpo.
Tengo la seguridad, en este momento, de que Dios
quiere mi salaud tanto como yo. Nuestras fuerzas
están unidas y la victoria es infalible.
Antes yo estaba impidiendo la acción curativa divina
por mi creencia equivocada.
Ahora siento que el milagro divino ya se está produciendo
en mi cuerpo.
Ya se está produciendo. Ya se está produciendo.
4o. Día
Hoy elimino la causa de la enfermedad
Continúo, en este día, caminando por el sendero de la
salud física.
Este desierto espiritual y místico me permite entrar
en contacto con la Sabiduría Infinita de mi interior,
con el Padre que opera en mí.
Sea yo culto o no, sé que existe una Sabiduría Infinita
dentro de mí, que se manifiesta más claramente en la
medida en que entro en estado de oración.
Me estoy sumergiendo más y más dentro de la inmensidad
de mi ser.
La complejidad comienza a deshacerse y todo se está
volviendo simple.
Me pongo a meditar:
Si Dios no causa mi enfermedad; si Dios no castiga a
nadie; si mi cuerpo por ser energía inferior no puede
actuar por sí mismo, entonces deduzco que la causa de
mi enfermedad está en mi mente.
Por la situación de mis experiencias veo que es así:
percibo que mis pensamientos depresivos me quitan las
fuerzas y me abaten físicamente; noto que mi rabia
produce alteraciones en mi cuerpo; verifico que mis
penas producen malestar físico; siento que los miedos
se traducen en tensiones físicas; observo que las
preocupaciones crean úlceras, hipertensión, infartos
y otras enfermedades; veo que el conflicto entre mis
deseos y la realidad tensiona los nervios; observo
que pensamientos angustiantes me aprietan la garganta
y producen males físicos; descubro que la cólera puede
producir graves lesiones físicas; y así sucesivamente,
sucesivamente, sucesivamente...
No es sin razón que se dice que las enfermedades son
provocadas por pensamientos negativos, por sentimientos
negativos, por emociones negativas, por deseos negativos,
por creencias negativas, por imaginaciones negativas,
por hábitos negativos y por la influencia de ambientes
negativos en mi mente.
Imagino una selva verde, bonita, florida, exuberante,
en un día de sol. Es una selva saludable.
Imagino ahora esa selva azotada por un viento violento:
árboles que se caen, flores que se despedazan, troncos
que se parten, la tierra que se abre, raíces que cambian
de lugar, en fin, una calamidad general.
Mi cuerpo es la selva más linda y perfecta, si puedo
hacer tal comparación.
Por esta selva maravillosa se convierte en una
calamidad cuando es azotada permanentemente por los
vientos de mis pensamientos negativos.
Este es un paso por demás importante en el camino de
salud: limpio ahora total y definitivamente mi mente
de toda especie de negativismo.
Sé que Dios está en mí, por eso la Fuerza y el Poder
Infinito están en mí y siempre atienden mi pensamiento.
No tengo más motivos de preocupación ni de perturbación.
Soy positivo, positivo, positivo.
Soy alegre, optimista, tranquilo, bondadoso, feliz,
seguro de mí, valeroso, lleno de confianza, imperturbable,
exitoso y positivo, positivo, positivo.
Es que abrí todos los canales de la curación. La fusión de
las energías positivas mentales con las energías físicas
existentes aún en mí y reactivadas por los remedios está
creando rápidamente mi salud total.
Yo siento, desde ya, este flujo vital.
¡Qué bien me estoy sintiendo!
Estoy sintiéndome bien.
¡Estoy sintiéndome bien!
5o. Día
Sangre saludable
Hoy me vuelvo nuevamente hacia mi cuerpo.
Mi cuerpo es mi expresión exterior, es mi identificación
en el universo, por eso deseo que él sea la expresión
de la armonía universal.
Comienzo ahora a recorrer la corriente vital que
energetiza todo mi cuerpo a través de mi sangre.
¡Yo te bendigo, sangre de la vida!
¡Yo te ilumino, sangre bienhechora!
La luz infinita de la Vida está iluminando ahora mi sangre.
Visualizo mi sangre toda iluminada de un rojo vivo...
Visualizo mi sangre rejuvenecida, fuerte, saludable...
Mis araterias son maravillosos canales de luz intensamente
roja.
Es mi sangre revitalizada con cinco millones de glóbulos
rojos y cinco mil glóbulos blancos por milímetro cúbico
de sangre. Mi laboratorio mental está calculando doscientas
mil plaquetas por milímetro cúbico de sangre.
Mi sangre ahora está perfecta, revitalizada, fuerte,
energetizada.
Todo perfecto.
La vida fluye a través de mi sangre renovada.
Todas las toxinas, impurezas, infecciones, virus y
bacterias indeseables están siendo expulsadas por
mi sangre, que actúa impulsada por la Fuerza Infinita.
La Energía Creadora de Dios está encendiendo mi sangre
y ella continúa iluminando, limpiando, calentando,
defendiendo, protegiendo, renovando, recreando y
produciendo el milagro divino de mi salud total.
¡Sangre bendita, canal de la Vida Infinita en mi cuerpo,
eres fuerte, eres pura, eres saludable, eres energía,
eres poder!
¡Sangre bendita, eres el árbol de la vida en mí!
¡Sangre bendita, eres el río divino que baña el paraíso
terrestre de mi cuerpo!
¡Sangre bendita, eres la corriente vital que trae a mi
cuerpo todas las energías benéficas del universo!
¡Sangre bendita, eres el milagro renovador de mi vida
física!
6o. Día
Mis órganos son perfectos
Comienzo ahora una aventura emocionante, pues recorreré
los caminos de todos mis órganos y contemplaré la
maravilla divina en cada uno.
Si algún órgano estuviere enfermo, trataré de curarlo
ahora mismo, para que también en él yo pueda ver la
estupenda ingeniería divina.
Si yo creyese en Dios, bastaría contemplar la
extraordinaria armonía, energía e inteligencia que
existe en los cerca de quince billones de células
electromagnéticas que forman mi cerebro.
Mis órganos son la propia expresión de Dios.
El Creador los hizo perfectos, por eso los desea
perfectos, funcionando en el justo y recto orden
divino.
Atraigo ahora un inmenso destello de Luz Infinita,
que surge de Dios y del universo y que cae sobre
cada órgano de mi cuerpo...
Pido perdón a los órganos enfermos por las violencias
que practiqué contra ellos. También perdono a cada
órgano por haber salido de su verdadera órbita,
perjudicándome.
Ahora abro todos los canales para que la Luz Infinita
Curadora caiga sobre cada órgano de mi cuerpo: el
cerebro... los ojos... los oídos... el rsotro... la
nariz... la boca... la lengua... los dientes... las
encías... la garganta... el cuello... los pulmones...
el corazón... el estómago... el duodeno... el hígado...
los riñones... el bazo... el páncreas... la uretra...
el uréter... la próstata... la vejiga... la vesícula...
el esófago... los intestinos... la columna vertebral...
los senos... los ovarios... las trompas... el útero...
los órganos sexuales... las caderas... los muslos... las
rodillas... las piernas... los pies... los hombros... los
brazos... las manos...
Ahora proyecto la Luz Curadora Divina sobre el órgano
más necesitado.
(Permanezca tres minutos en irradiación.)
A partir de este instante contemplo la perfección divina
en mí.
Mi salud es perfecta.
Mis órganos funcionan maravillosamente bien.
"¡Me siento feliz!"
Bendigo la maravilla divina de mis órganos.
Bendigo cada órgano y entro en comunión de salud,
alegría y vitalidad con cada uno de ellos.
Todos los órganos son ahora una familia unida que se
entiende perfectamente.
Gracias. ¡Gracias!
7o. Día
Huesos perfectos
En este día, me dedico aún a la salud física.
Calmo mi mente y comienzo a penetrar en el interior
de mi cuerpo.
Veo mi sangre iluminada y perfecta.
Veo todos los órganos funcionando en armonía, en una
sincronía tan bonita como el más perfecto de los
relojes.
Veo algunos huesos estropeados y pido perdón.
Veo algunas articulaciones en estado un tanto
precario y pido perdón.
Veo todo mi esqueleto iluminado con la luz blanca
de la transparencia espiritual. Es la energía infinita
de Dios que se proyecta en todos los huesos de mi
cuerpo.
Todas las enfermedades óseas, quebraduras,
debilitamiento, defectos, se están diluyendo, porque
ahora la luz blanca infinita de Dios está purificando,
iluminando, rehaciendo, moldeando, reforzando, ligando,
ajustando, limpiando, rejuveneciendo cada hueso de mi
cuerpo.
Mi cuerpo es obra de Dios.
Mis huesos son los fundamentos de mi cuerpo, por lo
tanto los quiero fuertes y perfectos.
Dios, que es la vida en mí, también los quiere de esa
manera, para que su obra sea perfecta y admirada en mí.
Siento, desde ya, el milagro de la salud en los huesos.
Los veo perfectos y resplandeciendo con una luz blanca
de energía infinita.
¡Qué maravilla!
¡Estoy feliz!
Y muy agradecido.
Porque ahora puedo caminar, correr, acostarme, sentarme,
mover todo el cuerpo y cada parte del cuerpo.
Es la acción divina del Poder Infinito de Dios en mí.
Durante todos los días anteriores abrí los canales de la
curación, por eso ahora todo sucede en forma simple, tan
simple como es la luz del sol que fortalece y vivifica
las plantas.
Bendigo mis huesos.
¡Y entro en comunión con la perfección infinita en mis
huesos!
8o. Día
Nervios, músculos, piel
Continúo hoy la caminata de mi perfección física.
Dejo que mi mente descanse, se calme.
La paz de los lagos de las montañas me invade y yo
siento un profundo bienestar.
Deseo ahora que mi mente absorba todos los átomos
de mi ser.
Me siento como una antorcha de luz que va
recorriendo el interior de mi cuerpo para vevitalizar
y calmar los nervios, rehacer los músculos y recrear
la piel en el orden divino, recto y justo.
La Luz Infinita ilumina todos mis nervios, que se
están soltando, liberando y tranquilizando.
Pido perdón a mis nervios por tantas agitaciones y
tensiones que provoqué hasta aquí, y perdono a los
nervios por haberme hecho una persona tan nerviosa.
Ahora estamos en comunión de amor y de buen
entendimiento.
Yo necesito de ustedes, nevios, y ustedes necesitan
de mí: estamos, por lo tanto, unidos, muy unidos, en
una dulce paz.
Proyecto una vez más la luz recreadora divina sobre
los nervios y los veo perfectos, distendidos,
saludables y tranquilos.
Hago ahora una visita a los músculos, esta familia
tan importante para mi cuerpo.
Ilumino, con la luz de la energía infinita, todos
mis músculos, que a partir de este instante se están
volviendo fuertes, sanos y firmes.
Veo ahora hacia el exterior de mi cuerpo y penetro
en cada átomo de mi piel.
Sé que mis emociones negativas, que mis complejos y
traumas, que mis imaginaciones negativas y que mis
miedos te perjudicaron, piel, creando manchas, marcas,
arrugas, alergias y problemas.
Pero aquí estoy para que hagamos las paces, perdonar y
olvidar el pasado.
Deseo que la Luz Creadora de Dios ilumine intensamente
toda la piel, tan intensamente que todo lo que no sea
perfecto se aleje rápidamente o se deshaga en este
instante.
Veo mi piel iluminada por la Luz Infinita.
Mi piel está límpida, purificada, perfecta, completa,
rehecha, suave y rejuvenecida.
La Luz Divina está lavando divinamente toda la piel.
Lavando divinamente.
¡Qué bien me siento!
¡Qué bien me siento!
9o. Día
Glándulas perfectas
Hoy mi caminata por el interior del cuerpo se va a
detener en las glándulas para conducirlas a la
armonía y perfección.
Aquieto la mente... Descanso el espíritu... Y dejo
que mi cuerpo se abra para que yo pueda recorrer las
glándulas e iluminarlas con la Luz Infinita de la
vitalidad.
Sé que mis glándulas son importantes. Sé que son
sensibles y fabrican hormonas, secreciones y
productos que se destinan al funcionamiento equilibrado
y sano de todo mi cuerpo...
Les pido perdón, glándulas, por las veces en que
las llevé a producir sustancias indeseables en
momentos indeseables...
Mi mente negativa perturbó el buen funcionamiento
de ustedes.
Pero ahora la Luz Divina está iluminando las
glándulas salivales, las glándulas lacrimales, las
glándulas sebáceas, las glándulas sudoríparas y las
glándulas de las paredes del estómago...
Continúo recorriendo mi cuerpo e irradio salud y
vitalidad a la hipófisis en el centro de mi cráneo.
Visualizo esa glándula, del tamaño de una lenteja,
toda iluminada, y los rayos de energía divina se
expanden desde la hipófisis hacia todo el cuerpo.
Derramo energía infinita sobre la tiroides, en el
cuello, y la tiroxina que mi tiroides está produciendo,
en dosis justas, restablece mi salud perfecta.
Ilumino las paratiroides que están en el lado interno
de la tiroides, y esas glándulas están actuando
correctamente en mi beneficio.
La energía divina está vitalizando las glándulas
suprarrenales situadas sobre los riñones, y la
producción perfecta de adrenalina está regulando
divinamente todo mi sistema nervioso simpático.
La Luz Infinita se derrama sobre los testículos
(ovarios) y la perfección se manifiesta en estos
centros vitales.
Ahora me dirijo hacia las glándulas mixtas y bendigo
mi páncreas. Bendigo este laboratorio divino que
está produciendo la insulina correctamente.
El azúcar está equilibrado en mi sangre y me estoy
sintiendo cada vez mejor.
También bendigo a mi hígado. Ahora mi hígado está
pleno de energía y funciona en el orden divino,
recto y justo.
Ahora veo todas las glándulas en pefecto estado,
controlando mi salud, equilibrando el funcionamiento
general de mi cuerpo y estableciendo el orden en
todos los órganos.
!Glándulas queridas, maravillas de Dios, reciban la
Luz Infinita que las revitaliza!
De ahora en adelante trabajaresmos juntos, en paz,
con salud, en armonía.
Nuestra acción es positiva.
Sé que ustedes son mis amigas leales y correctas y
las bendigo cada día de todo corazón. De todo corazón.
10o. Día
Cuerpo perfecto
En esta última jornada de la tercera etapa de mi desierto
místico caminaré feliz por todos los caminos de mi cuerpo,
viendo en ellos solamente la Presencia Infinita y la
perfección del Creador.
Jamás puedo suponer que yo haya sido creado con defectos,
porque en Dios no existe incapacidad.
El Poder Creador, que realizó la maravilla de la
constelación estelar, que produjo la maravilla de
las plantas y que estableció la maravilla del orden
universal, no podría fallar precisamente en el
momento en el que iría a crear la obra prima de la
creación, el ser de su propia especie divina, de su
verdadera imagen y semejanza. Sería inconcebible
que justamente un ser de la estirpe de Dios fuese
creado con defectos, enfermedades y fallas, como
sucede en las industrias de muñecas.
Las fallas y enfermedades son humanas y no están en
el proyecto divino.
Entonces, como hijo de Dios, me considero perfecto
en el cuerpo y en la mente y veo cualquier enfermedad
o defecto como una máscara, que no pertenece a la
esencia de mi verdadero yo.
Veo todo mi cuerpo accionado por la energía infinita.
Veo todo mi ser inserto en la perfección divina.
En nombre del Creador, determino la perfección en mi
cuerpo y contemplo en él la manifestación material de
Dios.
Yo soy perfecto. Mi cuerpo es perfecto.
La salud habita en mí y permanece en mí, porque
eliminé las causas de la enfermedad.
Yo soy perfecto.
Yo soy perfecto. ¡Perfecto!
- Lauro Trevisan -
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